Mucho más que la «hermana de»

Esquivando la sombra que proyecta Beyoncé, Solange Knowles lanza «When I Get Home», un álbum que exige muchas escuchas para calar


Que Beyoncé tenía una hermana que también se dedicaba a la música se sabía. Que esta hermana era mucho más que una familiar directa eclipsada por la omnipresente reina del pop contemporáneo se constató con la edición de A Seat at the Table (2016). Aquel disco, saludado con honores de obra maestra, llegó a desbancar incluso al Lemonade (2016) de Beyoncé en varias listas de revistas especializadas. Lo tenía todo: el discurso («un proyecto sobre identidad, empoderamiento, independencia, dolor y curación», proclamaba ella entonces), el sonido (una suerte de brillante y cálido neosoul que generaba amor a primera vista) y las canciones (singles como Cranes In The Sky todavía reblandecen corazones tres años después). Por ello, resulta normal que el suyo fuera uno de los álbumes más esperados.

Muchas de esas esperanzas se han quedado en muecas desencajadas en las primeras audiciones de When I Get Home. Básicamente porque desbarata buena parte de lo antedicho. Solange no lo pone nada fácil esta vez. Pese a brotar de ese cajón desastre llamado r&b, aquí no existe la pegada pop de Rihanna, el rugido felino de Beyoncé o cualquier otra arma de enganche al uso. Al contrario, todo se encamina al oyente paciente y sin prisas que desee querer el álbum, aunque no exista nada a lo que agarrarse más que la fe de que en las sucesivas escuchas aparecerá el diamante.

Lanzado por sorpresa a principios de mes y con una estructura totalmente desafiante en la era del Spotify y las playlist -19 temas con intros e interludios resueltos en apenas 40 minutos-, este trabajo se revela como toda una rareza dentro de la música comercial actual. Solange es una superestrella del pop contemporáneo, pero una estrella que no quiere caminar por los caminos más fáciles del éxito. Ahora acaba de dar un quiebro totalmente inesperado. Si el símil hay que buscarlo necesariamente en la música negra, aquí podría hallarse su particular Neither Fish Nor Flesh: A Soundtrack of Love, Faith, Hope & Destruction (1989), el disco con el que Terence Trent D'Arby dinamitó su discurso más pop en favor de la oscuridad y la inspiración. Se ganó a la crítica, pero perdió una buena parte de su público con aquel. ¿Ocurrirá lo mismo con Solange?

Ausencia de «singles»

Inspirado en artistas como Sun Ra, Alice Coltrane o Steve Wonder, tirando de un híbrido de jazz, ambient, soul y pinceladas de hip-hop, When I Get Home apuesta por la densidad, la repetición y cierto aire de evasión cósmica que ayuda a desdibujar aún más las canciones. Como hilo temático se encuentra Houston, que viene a ser ese hogar al que apela en el título y que lo deja caer en una serie de letras introspectivas, llenas de flashes de la vida en el sur, siempre reflejados desde la negritud. «Los negratas se agachan y lo sienten en la cara / Hijo de puta, estoy abajo, abajo, abajo, ¿no lo sabes?» , dice en Stay Flo. «Piel negra, trenzas negras / días negros, días negros / estas son cosas propiedad de los negros /la fe negra todavía no puede ser lavada», canta en Almeda.

Estas dos son las canciones más cercanas a lo que se podría considerar un single en un disco que ni los tiene ni los desea. Al contrario, esta obra grabada entre Nueva Orleans, California y Jamaica con una lista de invitados de excepción (Pharrell Williams o Panda Bear de Animal Collective, entre otros) pide ser escuchada en bloque del tirón. E ir, poco a poco, descubriendo su valor. Que lo tiene, aunque no sea tan evidente como en su predecesor. Paciencia, que llega.

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