¿Por qué están locos con el K-pop?

Más que un género este fenómeno asiático tiene rasgos de distintas disciplinas sociales y culturales. Y es tendencia entre los jóvenes


En un mundo tan conectado y, de alguna manera, cada vez más pequeño a la hora de hablar de fenómenos sociales o culturales, no debería ya sorprender que las modas o tendencias de un país acaben por contagiar a sus vecinos. Si el fenómeno es lo suficientemente fuerte puede hasta cruzar océanos, romper barreras, y triunfar allá donde llegue. ¿Quién hubiera pensado antes del colosal éxito del Gangnam Style de PSY que un día encenderíamos la radio del coche y haríamos los siguientes minutos del trayecto con un cantante coreano en las orejas?

Si últimamente ha comprobado que no entiende la música de sus hijos, sobrinos o primos pequeños, no se preocupe. Podría no ser un tema musical. Si le suena a chino, es probable que en realidad sea coreano (con alguna que otra palabreja o estribillo en inglés). El K-pop, o pop coreano, continúa arrasando en la industria musical adolescente, y lo hace de una manera pasmosa. Sus grupos, llenos de luz y color parecen sacados directamente de alguna serie de dibujos, pero son muy reales: su vida es narrada a través de las redes sociales como Instagram, donde cuentan con millones de seguidores; profesan el positivismo, suelen ser agrupaciones de cantantes, muy en la onda de esas boy bands que tanto hicieron bailar en los 90 a más de una generación occidental.

No se engañe. Su reclamo es bestial. BTS, por ejemplo, banda formada por siete jóvenes coreanos, es uno de sus mayores exponentes. Uno de sus tuits logró el año pasado el récord de likes alrededor del mundo (1,7 millones). No solo eso. En España son una de las bandas más mencionadas por segundo año consecutivo, muy por encima de Maluma o Beyoncé.

Hay que entender una cosa cuando se habla de K-pop: no es solo un movimiento estrictamente musical. Va más allá. Aunque las canciones figuren como algo indispensable (si algo no suena bien, si no tiene gancho, difícilmente se puede vender), todo se aliña con una muy cuidada estética visual de sus vídeos, llegando a extremos absolutamente lisérgicos y sorpresivos; coreografías profesionales medidas que incitan a ser imitadas, y una relación con los fans muy directa, casi idílica (es habitual la proliferación de asociaciones y grupos de fans autóctonos en cada país, canales de YouTube, de Twitter…).

EVOLUCIÓN

Aunque es un estilo que ha nacido y evolucionado en tierras asiáticas, también ha sabido buscar nuevos terrenos donde plantar y cosechar. Buena cuenta de ello dan Super Junior, otra boy band que se atrevió a probar suerte con el idioma cervantino, más presente que nunca en los éxitos mundiales. Eligieron versionar a Luis Miguel. También han sacado partido de las colaboraciones. BlackPink y Dua Lipa acumulan en su vídeo de YouTube la friolera de más de ochenta millones de reproducciones.

Así es. El K-pop es una tendencia musical destinada a quedarse. No le extrañe que este año 2019 recién comenzado traiga consigo una nueva hornada de rostros y siglas que aprender. Aún queda mucho mercado que aprovechar y al que llegar. No sea tímido y baile.

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