Mario Casas: «Soy puro instinto de supervivencia»

Está imparable y su carrera crece a un ritmo vertiginoso. Su trabajo en «El fotógrafo de Mauthausen» le ha generado muy buenas críticas. «Es el personaje más difícil que he hecho hasta ahora, me he tatuado el número 5185 del preso Francesc Boix que interpreto. Es un papel que me ha dejado huella»


Mario Casas (A Coruña, 1986) acude puntual a nuestra cita. Parece serio y un tanto tímido, pero ya en la segunda pregunta el gallego rompe esa barrera de seguridad tras la que todo actor de éxito se parapeta y se muestra cercano, coloquial y simpático. «Llevo desde las siete de la mañana rodando y estoy un poco cansado», confiesa. Instinto es su nuevo trabajo y lo que supondrá su vuelta a la televisión. «Interpreto a un tipo oscuro y ambiguo, con muchos secretos y con una gran carga erótica. Estoy muy contento con este interesante proyecto». Se siente un privilegiado y asegura: «Poder trabajar en lo que te gusta y te divierte es un lujo, pero cuando te dan la oportunidad de interpretar a un héroe y superviviente del campo de concentración de Mauthausen, como Francesc Boix, es un regalo increíble». Con decisión y paso firme. Así ha ido labrando su carrera Mario Casas: «No me arrepiento de nada, porque ese ha sido mi camino y hasta llegar al punto donde me encuentro hoy, ha sido necesario todo lo de atrás para crecer, coger experiencia y tener soltura frente a la cámara». Atrás quedaron los papeles de ídolo juvenil con los que conoció el éxito como con El barco o a Tres metros sobre el cielo, «ahora quiero seguir aprendiendo, quiero crecer y abordar papeles más comprometidos». Feliz junto a la también actriz Blanca Suárez, reconoce: «Soy menos inconsciente, me estoy haciendo mayor y los años me están dando responsabilidad y madurez».

-En «El fotógrafo de Mauthausen» interpretas a Francesc Boix, un español que se jugó la vida para salvar las fotografías que demostraron los horrores que cometieron los nazis en ese campo de concentración. Además, su testimonio fue fundamental en los juicios de Núremberg para condenar a altos cargos alemanes. ¿Satisfecho con tu trabajo?

-Bueno, el trabajo ya está hecho y ahora a quien tiene que emocionar y gustar es al público. La historia de supervivencia de este hombre es increíble y la cinta combina el drama de lo que sucedió en el campo, el horror que vivieron allí dentro los presos; con el thriller, el afán y el coraje de este hombre por sacar los negativos y poder demostrar así lo que sucedía entre sus muros. Para mí ha sido un trabajo difícil, pero apasionante.

-¿Tuviste claro desde que te llegó el proyecto que tenías que afrontar este personaje? ¿Qué fue lo que te atrapó de esta historia?

-Sí. Desde el primer momento, me entusiasmó el proyecto de Mar [Targarona]. Desconocía la historia y, cuando leí el guion por primera vez, me quedé impactado. No sé cómo fueron capaces de robar, esconder y sacar unos negativos de un campo de concentración teniendo en cuenta que te torturaban hasta por respirar. Lo que lograron estos hombres es algo alucinante, algo impensable. La verdad es que personajes así llegan pocas veces, roles que supongan un reto por el cambio físico y con una gran carga emocional, pero si además es verídico, que sucedió en un momento de la historia, es un regalo de los que no se pueden rechazar.

-¿Cómo fue el proceso de creación del personaje?

-Duro e intenso. Lo preparé leyendo y viendo documentales, pero sobre todo con el libro de Benito Bermejo, Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen, en el que se basa parte de la película. A partir de ahí empecé a recrear el personaje. Primero desde el físico, con una dieta muy estricta con la que perdí entre doce y catorce kilos. A nivel emocional, Boix era un tipo con mucho carisma, que se ganaba rápidamente a la gente y con mucha energía, no paraba de moverse. Fueron meses muy duros, primero para bajar esos kilos, corriendo y con una dieta muy estricta, y luego para mantenerlos. Por otro lado, el rodaje en Budapest, con frío y nieve fue muy duro. Pero creo que fue esencial realizar ese gran esfuerzo físico para que el personaje calara en la gente».

-¿Pasaste mucha hambre?

-Mucha. Me alimentaba básicamente de pescado a la plancha, piña, brócoli y poco más. Lo difícil no fue solo adelgazar tanto, sino mantenerme a base de correr y no pasarme con la alimentación. Eso hizo que me cambiara el humor, estaba enfadado y, claro, tampoco podía quedar con mis amigos a comer o a tomarme algo, porque no podía saltarme la dieta. Mascaba chicles y estaba en casa. Fue complicado, pero ahora estoy contento por el resultado.

-¿Qué te ha enseñado este personaje?

-He aprendido sobre la condición humana, el instinto de supervivencia y la valentía. Para mí, Francesc Boix y los que le ayudaron fueron superhéroes. Este grupo de presos españoles lucharon por la única esperanza que les quedaba y lo consiguieron. La esperanza de que un día pudieran salir del campo y testificar sobre esos horrores. No se puede olvidar que Francesc Boix fue uno de los pocos que se atrevieron a ir a los juicios de Núremberg y acusar a los nazis uno por uno. Cuando ves esas imágenes, que están al final de la película, te das cuenta de lo que realmente es un héroe. Recuerdo que intentaba entender cómo fueron capaces de lograr aquello, yo en su lugar me hubiese hundido enseguida. Antes, nuestros padres o nuestros abuelos eran mucho más fuertes, eran hombres con mucha fortaleza, eran como rocas.

-Por como hablas parece que este personaje te ha calado profundamente. ¿Es así?

-Sí. Mucho. Es el personaje más complicado al que me he enfrentado en toda mi carrera. Es más, te diría que no solo es el papel más difícil de mi vida, sino que incluso me ha cambiado por dentro. Hay secuencias muy duras, terribles.

-En algún momento del rodaje, ¿te emocionaste o te rompiste por dentro?

-Sí. Recuerdo una escena, en la que estoy con un nazi en el laboratorio de fotografía, en la que rompí a llorar de repente. Estaba tan metido en el personaje, con ese miedo que lo inundaba todo, que no pude contenerme y me puse a llorar.

-Cuando acababas de rodar a diario, ¿te costaba desprenderte del personaje?

-Sí. En este rodaje, el personaje me acompañaba a casa más de lo que yo hubiera querido, primero por el físico y luego por el hambre. Cuando me miraba al espejo, me veía tan flaco que no era yo. No fue nada fácil, pero ahora tras haber superado este reto y la enorme responsabilidad que suponía interpretar a este valeroso hombre, me siento más satisfecho.

-Francesc Boix se aferró a la fotografía mientras estuvo preso en Mauthausen para poder soportar tanto dolor y muerte. Ante los momentos difíciles o cuando no salen las cosas como uno esperaba. ¿A qué te agarras tú? ¿Cuáles son los pilares de tu vida?

-Mi familia y mis amigos. De hecho, mi familia y mi gente más cercana tuvo que aguantar mi mala leche y mis cambios de humor durante este intenso rodaje. Estuvieron a mi lado para apoyarme, darme un toque cuando me ponía insoportable, pero sobre todo para recordarme que merecía la pena el esfuerzo. Y así ha sido.

-Y ahora, ¿qué? ¿Hacia dónde te gustaría enfocar tu carrera?

-Lo primero que quiero es seguir trabajando. Este oficio es muy inestable y hoy estás y mañana puede que no y eso está ahí. Me gustaría abordar personajes distintos, que me supongan un reto, probar otros géneros. Sobre todo quiero seguir aprendiendo, no quiero estancarme, quiero crecer, embarcarme en proyectos más personales, más comprometidos. No me importaría hacer una historia con tintes románticos del estilo de Palmeras en la nieve, o un thriller. ¡Ah! Me encantaría hacer una de terror. Es el género que más me gusta y no lo he hecho nunca y lo estoy deseando, la verdad. Sería estupendo que me llamara Bayona o Plaza y trabajar con ellos. Ojalá.

-Últimamente te hemos visto en personajes más profundos y con más matices, como este que estrenas ahora o en «Bajo la piel del lobo». ¿Atrás se quedaron tus papeles de chico guapo para pasar a hacer de hombre carismático?

-No me arrepiento de nada, porque ese ha sido mi camino y, hasta llegar al punto donde me encuentro hoy, ha sido necesario todo lo de atrás para crecer, coger experiencia, mejorar y tener soltura frente a la cámara. Es cierto que ahora no me veo haciendo Los hombres de Paco, esa etapa ya pasó. Pero para poder hacer al tipo oscuro de Toro o al hombre misterioso de Contratiempo, mis primeros trabajos me dieron tablas, rodaje, disciplina..., sin eso no sería el mismo. Además, a aquellos trabajos les guardo mucho cariño, porque fueron mis inicios.

-¿Te sientes un privilegiado?

- Sí. Por supuesto. El simple hecho de trabajar en lo que te gusta y te divierte ya es un lujo, pero cuando encima te dan la oportunidad de abordar la vida de un hombre como Francesc Boix, un héroe, con fuertes ideales, es un regalo increíble. Además, me siento muy afortunado, porque siento el cariño de la gente, cuando me paran por la calle y me cuentan que siguen mis trabajos desde hace años me hace mucha ilusión. Eso es fantástico.

-Se te ve más sereno y templado.

-Puede ser. Antes me tiraba de cabeza a la piscina, ahora lo analizo todo un poco más, me lo pienso todo dos veces antes de responder. Soy menos inconsciente, creo que es porque me estoy haciendo mayor y los años me dan responsabilidad y madurez.

-No paras. Ahora estás inmerso en el rodaje de la serie «Instinto», donde compartes secuencias con tu hermano Óscar.

-Sí. Estoy muy contento, porque es un proyecto muy interesante y donde interpreto a un tipo oscuro y ambiguo, con muchos secretos y con una gran carga erótica.

-¿Y cómo vas de instinto? ¿Te fías de tus corazonadas?

-Soy puro instinto, sobre todo tengo el de supervivencia. Además, en el trabajo me dejo llevar por mi instinto y también por mi intuición, porque me ayuda a sacarlo todo de dentro para poder expresarlo y ser más creíble.

-¿Eres emocional?

-Mezclo y juego con las dos partes, pero reconozco que soy muy pasional y que me tira más el corazón. Además, para mi oficio no me queda otra que trabajar desde dentro, desde el alma. Necesito vivirlo para que sea creíble y lograr así que el espectador empatice con mi personaje.

-¿Cómo desconectas de tantas horas de rodaje y grabación?

-Ahora hago boxeo. La verdad es que estoy superenganchado al deporte. Es como una droga, me hace evadirme, superarme a mí mismo, me obliga a ponerme metas y a ir poco a poco llevándolas a cabo. Hace casi dos años que dejé de fumar y el deporte ha sido esencial para afrontar este reto.

-He leído que tienes diez tatuajes escondidos por todo tu cuerpo. ¿Alguno nuevo?

-Sí, me gustan mucho. Tengo dos nuevos. Me he tatuado el 5185 que era el número de preso de Francesc Boix en el campo de concentración de Mauthausen y un lobo en uno de mis gemelos por la película Bajo la piel de lobo. Son las huellas que me han dejado estos dos grandes personajes.

-Vamos a por la última. ¿Qué palabra define tu personalidad y tu carácter?

-Exigente. Soy muy exigente conmigo mismo, pero también con los demás. Creo que hay que ser exigente en el trabajo y con la vida, darle el peso y la importancia que tiene. Será que me estoy haciendo mayor y veo las cosas desde otra perspectiva, pero es importante ser riguroso.

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