«Vivimos en una sociedad que le ha dado la espalda a la palabra»

El cantautor ferrolano se ha convertido en uno de los artistas más exitosos del país, pero no olvida los bares donde creció ni la fragilidad de la industria musical y el éxito


Hace tiempo que Andrés Suárez es un nombre propio tan reconocible que ha pasado a colarse entre ese selecto grupo de artistas -aunque él no es muy fan de esa palabra- que cuelgan el cartel de «sin entradas» en la puerta del recinto donde toca cada noche. Echa de menos Galicia, y este verano apenas tendrá un par de ocasiones para verlo. Una será en Pontevedra, en sus fiestas patronales, gratis. El lleno se siente tan predecible que ya hoy quizás alguien decida acampar para coger sitio. Y eso que faltan semanas.

-¿Le sigue costando a España entender el término cantautor como algo moderno, actual?

-Totalmente, es algo que he comentado y tratado de cambiar a lo largo de mi carrera. Si tú te vas a Latinoamérica y hablas de Víctor Manuel, Pedro Guerra, Ismael Serrano... Joaquín Sabina, Serrat o Aute, sin comentarios. Los tienen como auténticos dioses, como verdaderos residentes de la palabra «maestros». Tienen un legado histórico, social y cultural que los convierte en la música clásica del futuro.

-¿Y aquí?

-Aquí la gente te dice que debes tener cuidado con lo que comentas, no vaya a ser que digas que eres cantautor y no vendas discos. Por favor, váyase a paseo. Yo soy cantautor y a mucha honra. Hago mi música y mi letra. Ojo, que no digo que los cantautores no sean queridos en España, pero pido un poco más de respeto por ellos. Sobre todo cuando tenemos a algunos de los mejores, de esos que han cambiado el mundo. Parece que los valoraremos más muertos que en vida. Sería una pena. Me gusta ser cantautor, esa figura de transmisor del pueblo, de encargado de enmarcar vidas e historias.

-Nos gusta ser criticones. Está ahí también ese eterno debate entre el músico que sale de un programa de la televisión, y el que crece en los bares y, con suerte y talento, triunfa finalmente. Parece que el segundo, popularmente, está muchísimo mejor visto que el primero. ¿Por qué?

-Yo no soy nadie para juzgar la carrera profesional de nadie. Que un chaval tenga un talento o cierta gracia para cantar, y haya decidido presentarse a un casting... ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo y criticarlo? Yo estoy en un colectivo que ha luchado por el regreso de la música a la televisión, y el último OT fue el único de los pocos programas que trajo de vuelta algo de música a la TV. Una chica tocando al piano una canción de M-Clan, o cantando con 18 años a Víctor Jara, ¡en la televisión pública! No todo está perdido. Pero claro, lo fácil es la crítica: «OT es una mierda, el sistema es una mierda, hay que ir a por ellos...». Eso es lo obvio, eso es lo fácil. Hay que mirar hacia los políticos de este país, que desde hace años se han encargado de ir matando la cultura, de prohibirla, de quitar la música de los medios porque según ellos no interesa. Se ha generado una sociedad de contenidos basura, veloz, de espaldas a la palabra, donde una persona de 14 años es casi imposible que conozca a Pablo Milanés. -¿Qué encontró en Madrid?

-Mira que yo ahora tengo una morriña extrema. Me vengo siempre llorando de Galicia, y eso que yo estoy a seis horas de coche. Tengo suerte. ¿Madrid? Pues me brindó todo. Tenía 18 años y tenía mucha sed y ganas de descubrir el mundo. Allí está todo, claro. Si no me hubiera ido de Pantín, difícilmente estaría aquí ahora. Madrid me ofreció una libertad y un libertinaje exquisito.

-Hay una canción de su último disco, «Desamiga». Se habla poco de ese dolor y suele ser más duro que el del amor romántico.

-Sucedió en Galicia, como no podía ser de otra manera. Una traición amiga. Conocí los límites del dolor ahí, nada comparado a un amor no correspondido o algo similar. Queda para siempre. El desamor se cura con el tequila, pero la desamiga queda ahí, con su llaga.

-Y la canta con Rozalén, otra voz que está triunfando.

-¿Sabías que había un rumor en el mundillo que decía que nos llevábamos mal? [se ríe] Y eso que solo habíamos compartido tres frases tal vez. Imagínate cuando supimos los dos de esto, y las risas que nos echamos cuando le dije que cantara esta. No sabes cuánto me alegro de que esté teniendo el éxito que está arrastrando. Más del que puedo explicar. Una cantautora de Albacete con todo por hacer.

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