Hombre rico, hombre pobre

Matthew Weiner, el creador de «Mad Men», debuta en la novela con una historia que contrapone las inquietudes de un acomodado matrimonio neoyorquino y su hija con el desamparo de un hijo de soltera drogadicta que es percibido como una inminente amenaza.


Hay libros, películas o series que consigan captar una instantánea de su tiempo. Algunas, como por ejemplo Mad Men, pese a retratar otra época, también viajan bien, porque los dilemas que encarnan sus protagonistas también pueden ser los nuestros. Podemos reconocernos en la huida hacia adelante de Don Draper o en el empeño profesional de Peggy Olsen por construir su carrera en un ambiente tóxico y sexista. Su creador, Matthew Weiner (Baltimore, 1965), no parece haber perdido la perspicacia por atrapar los dilemas de un momento y un lugar determinados, a juzgar por su debut novelístico.

Absolutamente Heather se presenta como un thriller que nos lleva a la Norteamérica actual y que contrapone dos extremos de una sociedad: ricos, muy ricos -quizá no para ellos, pero sí para nosotros- y pobres, muy pobres. Dos compartimentos habitualmente estancos pero que en ocasiones llegan a solaparse: y en ese encuentro es donde Weiner halla la chispa que enciende el conflicto de su novela. El libro nos presenta a un matrimonio neoyorquino, de clase acomodada, y que se han estrenado como padres a una edad ya tardía. La vida de Mark y Kate transcurre entre las obsesiones clásicas de los de su clase (o al menos las que nos presenta la ficción, literaria o cinematográfica): los ascensos y zancadillas laborales, los bienes inmuebles como símbolo aspiracional, cualidad esta que también se transmite a la educación de su hija, Heather. La novela también indaga en cómo el triángulo familiar altera las relaciones y percepciones entre sus vértices.

Contrastes

Las inquietudes del matrimonio contrastan con las de Bobby, nacido en Newark. Si Weiner buscaba su antítesis, echó mano de todos los elementos: hijo de soltera heroinómana, maltratado, pobre, rodeado de yonquis y violento. Tras una infancia difícil y una adolescencia peor, Bobby llega a la edad adulta como un desheredado absoluto, que se gana la vida como obrero, oficio que lo lleva directo al edificio hogar del matrimonio y su hija, una presencia que hace saltar las alarmas de Mark. Weiner explora un tema, el pobre sin nada que perder que amenaza la seguridad del burgués apocado, que ya han abordado antes en la literatura Ian McEwan (Sábado) o en el cine J. Lee Thompson y Scorsese (El cabo del miedo). El escritor concreta su crítica en el hecho de que la peligrosidad de Bobby es más una construcción mental de Mark que una situación real. En una novela sin diálogo -solo uno, de una línea: se echan de menos las frases brillantes de Mad Men- Weiner parece transformarse en el fotógrafo de La ventana indiscreta, observando a sus personajes desde una distancia tan insalvable que hacen imposible toda empatía.

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