«Soy de tirarme al vacío, un improvisador nato»

El gallego lanza hoy su tercer trabajo en solitario, «Sueños y Pan», diez canciones que tocan los tres vértices del triángulo de su vida y que dan un paso al frente. «Ahora no puedo ir atrás»

.

Con los recursos propios de un «improvisador nato», como se define Xoel López (A Coruña, 1977), surge Sueños y Pan, su disco «más misterioso e inconsciente» hasta la fecha. Sin querer abrió la puerta de su casa, pero también la ventana que da a la calle para mostrarnos dos mundos paralelos pero complementarios.

-«Sueños y Pan». Habla de lo que pasa en casa, pero también fuera.

-Es algo así. Siento que este disco es más inconsciente y misterioso que otros, en el sentido de que yo escribí las letras y no sabía muy bien de que estaba hablando y luego me ha tocado ponerle nombre. Es una contraposición, entre la idea del refugio, del hogar, y lo que está fuera. Es un disco que mira por la ventana, que sale, que entra, pero siempre habla de los dos mundos, del hogar confortable y del exterior, para lo bueno y lo malo.

-¿A los 40 el cuerpo te pedía escribir de otra cosa?

-No lo sé, no sé si hago el clic por la edad, llevo componiendo desde los 15, tengo más de 150 canciones y pierdo la cuenta, no soy muy consciente de lo que hago o cómo lo hago. A través de estas preguntas me toca planteármelo, pero en el día a día es mucho más natural.

-Un disco para todos los públicos.

-Yo siempre digo que mi música es muy popular, a ver no soy músico de masas, pero mi música siempre estuvo abierta a todo tipo de gente, nunca tuve una actitud elitista. Obviamente no tengo los medios para llegar a la gente, no sale en canales masivos y por eso no llega.

-Transmite muy buen rollo... ¿Salió así o se hizo con esa intención?

-Intención no, yo soy bastante cafre, me suelo encontrar con lo que hago. Soy de tirarme al vacío, un improvisador nato, y con los discos lo mismo. No llego con ninguna idea preestablecida, soy muy de ir haciendo. Van fluyendo las canciones, los versos... y va surgiendo algo a lo que le vamos dando forma. De hecho, los títulos los pongo al final.

-Hablando de títulos, ¿por qué solo tienen una palabra? ¿Es adrede?

-Sí. Lo forcé un poquito. La mayoría de las canciones tenían títulos de una sola palabra y dos o tres muy largos. Decidí acortarlas por una cuestión conceptual. Tengo canciones con nombres largos que en la práctica acabas acortando; yo creo que tiene que ver con llevar 14 discos, que dices: «Vamos a sintetizar, a quitar la paja y a dejar lo importantísimo».

-El sonido es similar a «Paramales». ¿Estás en ese momento de querer probarlo todo?

-Sí, casi siempre quiero hacerlo pero a uno no le da el cerebro, y ahora no es que sea más abierto que antes, pero me voy atreviendo más, porque hay caminos que ya conozco, lo que me permite abrir otros nuevos, la paleta de colores cada vez es más extensa.

-«Madrid» aparece de nuevo. A pesar de la distancia, ¿te ha dado más de lo que te ha quitado?

-Sí, pero es importante hablar de todo. No el simple hecho de hacer una oda a la ciudad tiene que ser con lo bueno, qué maravilla... Me gusta el amor hacia las cosas desde un balance de lo real, un «a pesar de todo te quiero». Pensar en el amor con sus pros y sus contras. Era importante que Madrid estuviera presente en la ecuación, aquí desarrollé mi carrera y al mismo tiempo aparece Galicia y hay resquicios de Latinoamérica. Es un poco el triángulo que conforma mi vida y mi música.

-Ahí iba. Dos canciones en gallego. ¿Marca de la casa?

-Sí, la primera que hice fue A serea e o mariñeiro en el disco anterior, y la compuse en el centro de Buenos Aires en plena urbe rodeado de cemento y de humo. Creo que no es casualidad, el hecho de haber salido de Galicia con 20 años me hace necesitar viajar en el tiempo y en el espacio a través de las canciones, que también me dan ese poder. Ese recuerdo infantil que es Serpes, esos veranos en O Courel con mis tíos, es una realidad que necesito que forme parte de mi vida, por lo menos artística.

-Vamos al tercer vértice. Llevarás el disco a Colombia, México, Argentina, Uruguay... ¿Ese puente que construiste sigue tendido?

-Por supuesto, y no cesará nunca. Es un vínculo muy auténtico porque no fui con intención de hacer carrera, sino de conocer la cultura, música, gente, paisajes... otras formas de entender la política, el mundo, todo lo que te da un viaje. Creo que es importante mantener el vínculo profesional para poder cruzar el charco y seguir disfrutando, porque si lo dejo en algo placentero tendría que ganar mucho dinero para poder permitirme esos viajes.

-¿Hay quien sigue echando de menos al Xoel de Deluxe?

-Sí. Siempre hay alguien que echa de menos algo del pasado. La nostalgia es muy humana. Es inevitable, aunque te diría que es una minoría pequeña. Cuando empecé con Elephant Band, preferían el grupo anterior, cuando empecé con Deluxe preferían Elephant Band, cuando seguí con Deluxe y me pasé al castellano, preferían la otra etapa, cuando me lancé en solitario lo mismo... Hay gente que incluso reivindica Atlántico a lo nuevo que estoy haciendo.

-¿Y al revés? Que se hayan enganchado a este Xoel...

-Muchos más. Incluso te dicen que antes estaba bien y que les parece más interesante esta nueva etapa, más abierta, más música, pero para gustos colores, yo solo trato de ser auténtico con lo que siento en cada momento. Y si me vienen y me dicen: «Me gustaba más lo de antes», les digo: «Hice este disco escúchalo», yo ahora mismo no puedo ir para atrás.

Votación
3 votos
Comentarios

«Soy de tirarme al vacío, un improvisador nato»