Dos tipos sin ninguna Pereza

Rubén Pozo sorprende con su mejor disco hasta la fecha, «Habrá que vivir», mientras Leiva triunfa con su último single. Dos carreras en perpendicular con éxito dispar

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Tenían de haber dado a luz uno de sus mejores discos, de haber celebrado sus diez años con una gira apoteósica, de llenar todos los pabellones del país y… tiraron sorpresivamente del freno de mano. Pereza, Rubén (Pozo) y Leiva (José Miguel Conejo Torres), dijeron que se paraba el tren, que esta era la estación adecuada, en lo más alto. A partir de ahora cada uno por su lado. Ha pasado un lustro desde aquello, y aunque el viaje parecía concluir allí, comenzaba otro, el de un dúo de compositores en solitario. ¿Pereza? Ninguna. Tres discos por cabeza, y el de Rubén recién salido del horno.

No es ningún secreto que cuando un dúo o un grupo se deshace y sus miembros rehacen sus carreras a uno le irá mejor que a otro. Es probable que el papel ganador y más visible se lo haya llevado Leiva. El de Vallecas se mantuvo en una línea muy continuista, con la mayoría de los miembros de la banda, y editó rápidamente Diciembre, cargado de astutos y cantables hits. Rubén pasó a un segundo plano, con un disco interesante, Lo que más, pero menos radiable que el de su viejo compañero.

DOS ESTILOS

Así pasaron estos últimos años, uno y otro. Dos carreras ahora en perpendicular, por los escenarios de las salas y los festivales españoles. Leiva saca en el 2014 su Pólvora y Rubén tarda un poco más en editar En marcha. De nuevo, el primero se mantiene pegado a las listas de éxitos y a conciertos más masivos; mientras que el segundo es más de salas pequeñas, de bolos más íntimos donde la guitarra eléctrica sigue mandando por encima de la acústica o los medios tempos.

Ninguno de los dos habla nunca de reunión. Cinco años simulan ser todavía pocos para ello. A fin de cuentas, la cosa está lejos de ir mal. Y menos con sorpresas como ese canto a la vida, ese fuerte golpe en la mesa, que ha publicado Rubén con Habrá que vivir. Su último trabajo, publicado hace un par de semanas, ha cogido por sorpresa a la mayoría, y sin embargo, se ha alzado como el mejor de su discografía. Veloz, fresco y sincero. «Estoy vivo porque a final de cuentas la vida siempre se abre camino […] No soy la excepción que confirma la regla y contra mi voluntad habrá que vivir». Un canto ejemplar frente al dudoso Monstruos que lanzó Leiva el año pasado, y que no terminó de convencer a diferencia de sus antecesores.

Aun así, Joaquín Sabina confió en las manos de Leiva para producir su último disco, Lo niego todo, recibido con aplausos y buenas palabras, y elogiado por su sonido al salir del timbre sabinero, de esa zona de confort, que impregna el resto de su discografía más reciente. Hace apenas unas semanas también puso música a la cinta de Javier Calvo y Javier Ambrosi con La Llamada. No para de reproducirse en YouTube; casi dos millones de visualizaciones en poco más de un mes. Dos éxitos diferentes, dos espirales de canciones que transcurren en la misma línea temporal pero que apenas se tocan. El arte de componer después del éxito nacional, y continuar llenando un pabellón o una sala más discreta. La capacidad de sorprender con un rock n roll, cuando no se contaba con él. Un par de tipos sin pereza alguna, pero con guitarras y papel.

 

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