La Marvel se tarantiniza

«Logan», la trilogía con la que Hugh Jackman cierra su saga Wolverine, rompe la tradición de los estudios. Es trepidante, pero también brutal, sangrienta, oscura... ¿El comienzo de una era?


La relación de la Marvel con la muerte siempre ha sido un tanto naif. Planea de forma indefectible y constante sobre buena parte de sus películas más exitosas, pero apenas se visualiza. Es una muerte implícita pese al ingente volumen de violencia que acumulan. Ya sea por los poderes sobrenaturales de sus superhéroes o por la frenética velocidad con la que se suceden sus producciones, lo cierto es que la sangre no ha sido un elemento especialmente profuso en las decenas de películas que ha facturado desde que en el año 2000 inauguró la era X-Men. Logan, su última cinta, representa sin embargo una ruptura abrupta con esa narrativa para todos los públicos que ha catapultado a los estudios al Olimpo cinematográfico. El cierre de la trilogía Wolverine, con la que Hugh Jackman dice dar por concluida su aportación a la saga, es un trabajo para adultos, un drama oscuro, imposible de asimilar sin referencias previas al universo Marvel, y llamativamente sangriento para la tradición de la compañía. Una película con escenas tarantinianas: miembros mutilados, sangre a borbotones... Una sorpresa para muchos de los padres que en el último mes han acudido con sus hijos a los cines gallegos para disfrutar de la entrega.

El desenlace ideado por los guionistas para la aventura vital de Lobezno, uno de los personajes icónicos de la factoría de cómics, deja en el aire una pregunta: ¿Ha inaugurado Marvel una nueva era creativa? Desde que en el año 2000 iniciara esta exitosa etapa cinematográfica (sus incursiones en las décadas anteriores no pasan de anecdóticas), sus producciones han seguido un patrón común: enormes cantidades de acción y violencia, mucha épica y poca sangre. ¿Muertes? Se supone que muchas, muy pocas explícitas para la envergadura de las historias que narraban.

MILLONES DE DÓLARES

X-Men, Iron Man, El increíble Hulk, Los Vengadores, Thor, Capitán América, Spider-Man... Cada una de estas sagas que han recaudado cientos de millones de dólares en taquilla se ajustan como anillo al dedo a este guion. Con algunos matices, la mayoría le administraron al espectador dosis muy controladas de contenidos salidos de tono. Se han arrasado ciudades, arrancado de cuajo edificios y contenido hecatombes, pero las víctimas han aparecido en pantalla a cuentagotas. La mayoría, desintegradas fugazmente. Un guiño acelerado a aquello de en polvo nos convertiremos... Por descontado, ha sido esta la fórmula maestra que ha disparado las millonarias audiencias de estas producciones y, por el camino, los ingresos de los estudios.

Seguramente, para encontrar una conexión con Logan haya que acudir a Deadpool. El más gamberro de los personajes de la Marvel, un antihéroe en realidad que en España se dio a conocer en los cómics como Masacre, arrasó en las taquillas el año pasado contra todo pronóstico. Cuentan que el guion estuvo guardado en un cajón durante años porque en los estudios no lo veían claro. Cuando se decidieron a darle vida, optaron por controlar el riesgo y solo destinaron 50 millones de dólares a la producción, lejos de los 250 que habían presupuestado, por ejemplo, para Vengadores: La era de Ultrón. La jugada les salió redonda: en su primer fin de semana recaudó 250 millones de dólares a nivel mundial, el triple de lo ingresado por otro exitazo como Cincuenta sombras de Grey.

El caso es que Deadpool es una película para adultos, con violencia explícita y un humor procaz e irreverente, a la altura del personaje. Un superhéroe que conectó casi de forma instantánea con un público más joven y no tanto con el familiar, el que hasta la fecha ha sido el gran nutriente de ingresos de la factoría de cómics. Ryan Reynolds está preparando ya la segunda entrega de la saga para el año que viene, en lo que se anticipa como uno de los taquillazos del 2018.

La relación de Deadpool y Wolverine presenta además varias conexiones llamativas. Una argumental, pues ambos comparten superpoderes (son presuntamente indestructibles) y un carácter volcánico. Y otra cinematográfica, ya que la primera aparición del superhéroe gamberro en una producción de la Marvel fue en X-Men Orígenes: Lobezno, en la cual Masacre realiza un fugaz papel en el que poco o nada se adivina de lo que vendría después.

Sea como fuere, parece evidente que Logan hereda códigos cinematográficos de Deadpool, aunque se trata de una producción más oscura, una cinta extensa en metraje (dos horas y 18 minutos) que profundiza por otro lado en el carácter atormentado de Lobezno, seguramente el personaje de la Marvel que mejor se ajusta a un giro creativo de estas características.

Las dosis de violencia explícitas que salpican la película evocan por momentos a algunas escenas del mejor Quentin Tarantino, el de Pulp Fiction o Reservoir Dogs. Aunque es probablemente en Kill Bill y en la legendaria escena de Uma Thurman y los 88 maníacos donde se encuentran referentes más evidentes.

Si Logan marca un antes y un después en la cinematografía de la Marvel es algo que aún no está claro. La crítica lleva tiempo poniendo en duda la capacidad de los estudios de exprimir aún más la fórmula de los superhéroes familiares, pero actualmente ya están cerradas dos entregas más de Los Vengadores (2018 y 2019), de Spider-Man (2017 y 2019) y una de Ant-Man (2018). En definitiva, que la legendaria compañía de cómics sigue creyendo en la fortaleza del formato. Con todo, la recaudación de Logan (más de 500 millones de dólares hasta la fecha) parece lo suficientemente jugosa como para intuir que Marvel ha encontrado en esta nueva senda otra vía para facturar muchos euros.

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