«Putin es una combinación de los Románov y Stalin»

«Los Románov. 1613-1918» es un monumental trabajo de investigación de más de 950 páginas de Simon Sebag, una lectura apasionante sobre una dinastía que gobernó Rusia durante más de 300 años


Sangre a raudales, violencia, asesinatos, magnicidios, envenenamientos, torturas, decapitaciones, locura, poder, guerras, traiciones, genios, tarados, ambición, lujuria y mucho sexo. Estos son los ingredientes de Los Románov, 1613-1918 (Crítica), un libro en el que este «contador de historias», como se define Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965), compone su monumental fresco. El autor combina el relato de los acontecimientos históricos y políticos con un inusual interés por la vida personal y sexual de los protagonistas y un puntilloso gusto por los detalles. «Los Románov se han convertido en la definición misma no solo de dinastía y magnificencia, sino también de despotismo, hasta el punto de constituir una parábola de la locura y la arrogancia del poder absoluto. Ninguna otra dinastía, excepto la de los Césares romanos, ocupa un lugar semejante en la imaginación de la gente y de la cultura popular», escribe el profesor de la Universidad de Cambridge.

Sangre a raudales, violencia, asesinatos, magnicidios, envenenamientos, torturas, decapitaciones, locura, poder, guerras, traiciones, genios, tarados, ambición, lujuria y mucho sexo. Estos son los ingredientes de Los Románov, 1613-1918 (Crítica), un libro en el que este «contador de historias», como se define Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965), compone su monumental fresco. El autor combina el relato de los acontecimientos históricos y políticos con un inusual interés por la vida personal y sexual de los protagonistas y un puntilloso gusto por los detalles. «Los Románov se han convertido en la definición misma no solo de dinastía y magnificencia, sino también de despotismo, hasta el punto de constituir una parábola de la locura y la arrogancia del poder absoluto. Ninguna otra dinastía, excepto la de los Césares romanos, ocupa un lugar semejante en la imaginación de la gente y de la cultura popular», escribe el profesor de la Universidad de Cambridge.

-En sus libros da una gran importancia a la vida privada, incluso a la sexual de los protagonistas. ¿Por qué?

-La personalidad cuenta mucho, no hay ninguna brecha entre lo personal y lo público. Todo es personal, todo es político. Hay miles de ejemplos en mis libros de cómo la vida privada influye en los grandes acontecimientos. El caso más obvio es el de Rasputin, un hombre infinitamente ambicioso que era el asesor privado de la pareja real, a la que aconsejaba en todos los detalles del gobierno, y su influencia fue catastrófica. En las monarquías la personalidad de los dirigentes es muy importante. Se podría decir lo mismo del rey español Felipe II y su corte.

-Antony Beevor asegura que «Juego de tronos», en comparación con los Románov, «es como ir a tomar el té con unas monjitas».

-Juego de tronos es una metáfora sobre las turbulencias del poder político. Los Románov se parecen más a la mafia, a Gomorra y Los Soprano. Todos los poderes autocráticos se basan en la fuerza. A los zares se les describe como paranoicos pero tenían todos los motivos para serlo y la única forma de sobrevivir que tenían era mandar con esa violencia. Rusia es un país muy difícil de gobernar por su tamaño y su complejidad.

-De hecho, seis zares fueron asesinados.

-Es que el de zar era un trabajo muy peligroso.

-¿Cuál es su personaje favorito de todos los que aparecen en su libro?

-El príncipe Potemkin. Fue el ministro más brillante de la dinastía. Tenía una relación muy extraña con la reina Catalina, eran como un matrimonio, pero tenían sus propios amantes. Eran muy parecidos, amaban el poder, tenían mucho talento y grandes ambiciones imperiales. Tenían la visión, los recursos y la capacidad para que las cosas sucedieran, esa es una combinación poco frecuente. Fueron la pareja más exitosa de la historia, excepto quizá Isabel y Fernando, que es a la que más se parecen. Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando, lo mismo pasaba con Catalina y Potemkin.

-¿Cuál fue el zar más cruel?

-Pedro el Grande. Pero también fue el más brillante y extraordinario. Era un genio, muy excéntrico, feroz e inteligente, tenía mucha imaginación y una personalidad bizarra. Sabía lo que quería y tenía los recursos y capacidades para llevarlo a cabo.

-En su corte funcionaba el llamado Sínodo de los locos, bromistas y borrachos.

-Era una sociedad de bebedores y comilones que en parte equivalía al gobierno de Rusia en su versión más brutal y estridente. Una fiesta salvaje de alcohol, un carnaval de obscenidades, borracheras, en la que llegaban a juntarse hasta 300 invitados. Lo formaban Pedro, sus ministros, altos funcionarios, sus amigos, sus amantes, además de muchos extranjeros, gigantes, enanos y putas. Pedro aguantaba mucho, pero varios ministros murieron de coma etílico.

-Rescata las cartas de Alejandro II a su amante Katia, pero no ha publicado todas porque son muy fuertes. ¿Qué contenían?

-Las cartas que Alejandro II envió a su amante Katia son la correspondencia más explícita jamás escrita por un jefe de Estado. Hay muchos detalles sexuales en las a cartas que intercambiaron. Empleaban un lenguaje nada habitual en la época. Son mucho mejores que Cincuenta sombras de Grey, que es una porquería. Creo que se publicarán, pero muchas están en el libro.

-El primer zar, Miguel, convocó un concurso de novias.

-Tenía que encontrar esposa y, a finales de 1615, convocó un concurso de novias. El propio zar elegía a las finalistas, que luego eran examinadas por el director de la secretaría de la Gran Corte y los doctores reales para apreciar su fecundidad. Las elegidas eran trasladadas a una mansión especial del Kremlin. El zar entregaba su pañuelo y un anillo de oro a la joven escogida.

-Describe con un nivel de detalle nunca visto el asesinato del último zar, Nicolás II, y de toda su familia en Ekaterimburgo.

-Me resultó tremendamente difícil, los detalles eran casi pornográficos. Lloré al describir la escena. Me basé en las memorias de los asesinos.

-¿Qué han significado los 304 años de poder de los Románov para Rusia.

-Básicamente representan una tradición de victorias y prestigio imperiales y una forma de gobernar, que solo la autocracia sirve para derrotar la amenaza exterior y afrontar el caos interno. Su imperio creció durante su reinado una media de 142 metros cuadrados al día, 52.000 kilómetros cuadrados cada año. Al último zar se le considera tanto un personaje trágico como un santo, incompetente y arrogante. A los zares más tempranos se los asocia con la gloria patriótica. Pedro el Grande, Catalina, Alejandro I o Nicolás I gozan de mucho prestigio.

-¿Por qué los Románov duraron tanto tiempo?

-Porque tuvieron éxito durante todo ese tiempo.

-Sorprende que sepamos mucho más de la vida privada de los Románov que de los líderes políticos actuales.

-Conocemos mucho de la vida privada y sexual de los Románov, las cartas que han perdurado nos introducen directamente en sus dormitorios. Nunca sabremos tanto de los dirigentes actuales. Ahora la comunicación se hace a través de correos electrónicos y mensajes, que se destruyen.

-Usted llamó a Stalin zar rojo. ¿Por qué?

-Era una mezcla, tenía muchas identidades. Desempeñaba el papel de un zar, pero también era marxista. Su violencia era propia, los bolcheviques creían que solo la violencia podía mejorar la sociedad y crear un mundo perfecto.

-¿Putin es el nuevo zar del siglo XXI?

-De muchas formas sí. Actúa como los Románov para gobernar un país tan difícil como es Rusia. Juega con los clanes y gobierna en secreto. Es una combinación de los Románov y Stalin. Está intentando restaurar la grandeza de Rusia, que fue creada por los zares y los dirigentes soviéticos más exitosos. Su idea de grandeza y de que es necesaria la mano dura para gobernar proviene de los Románov. Tiene la misma agenda, restablecer el poder de Rusia en el interior y el exterior. Con la guerra de Chechenia del 2000 logró que Rusia se mantuviera cohesionada; con la de Georgia del 2008, reafirmó su hegemonía en el Cáucaso; se anexionó Crimea en la guerra con Ucrania en el 2014, y con su intervención en Siria en el 2015 retomaba las aspiraciones rusas, desde Catalina la Grande hasta la guerra fría, de influir en Oriente Medio.

-¿Considera que Putin es una amenaza?

-Sí, posiblemente. Es un oportunista, interviene allá donde puede.

-¿La Rusia actual tiene más de autocracia que de democracia?

-Sí, desde luego. Tiene una fachada tramposa de democracia y de alguna manera es un Estado moderno. El régimen de Putin es una mezcla de autoritarismo Románov, nacionalismo, capitalismo de amiguetes, burocracia soviética, religión ortodoxa y elementos de la democracia como las elecciones y el parlamento.

-¿El respaldo de que goza se debe a la nostalgia que hay en Rusia por la figura del hombre fuerte?

-No hablaría de la nostalgia, sino del hábito.

-¿Con qué zar se le podría comparar?

-Con Nicolás I, la misma ideología, nacionalismo, autocracia, ortodoxia.

-En la historia de los Románov hay figuras femeninas muy importantes, lo que contrasta con lo que sucede ahora en Rusia.

-Es cierto. Rusia tuvo mujeres impresionantes en el poder, como Isabel y Catalina, que ascendió de prostituta a emperatriz. Hoy no es así, Rusia es un país muy machista, el más machista de Europa.

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