Tricicle: «Sin palabras todo es más complicado»

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De izquierda a derecha, Paco Mir, Carles Sans y Joan Gràcia, el 12 de marzo en A Coruña
De izquierda a derecha, Paco Mir, Carles Sans y Joan Gràcia, el 12 de marzo en A Coruña MARCOS MÍGUEZ

Son poco habladores, sobre los escenarios. Viendo los ocho espectáculos de su carrera, en el último, «Bits», se han vuelto casi parlanchines. «Palabras siempre hemos dicho, lo que pasa es que esta vez hay un diálogo de tres réplicas, no mucho más», ironizan. El trío catalán cierran gira en Galicia y preparan un montaje de sus grandes éxitos

18 mar 2016 . Actualizado a las 15:29 h.

Suben al escenario, hacen reír y se bajan. Millones de carcajadas logradas con gestos. Cómo han llegado a ello parece, después de más de tres décadas sobre los escenarios, un pequeño misterio. Al menos según lo cuentan ellos. Así se presenta Paco Mir (Barcelona, 1957): «Iba para estudiante de Bellas Artes (que en realidad quería dibujar tiras cómicas) pero tropecé casualmente con el teatro y, hoy en día, después de patear escenarios de todo el mundo durante más de 34 años, de crear ocho obras con Tricicle, de escribir ocho, de ganar dos premios Max, de producir varias series de televisión, de crear campañas de publicidad y de adaptar y dirigir (con un cierto éxito) un pequeño montón de teatro, zarzuela y ópera, aún tengo la sensación de que estoy en el mundillo del espectáculo por casualidad. Por si las moscas, nunca he dejado de dibujar».

Joan Gràcia (Barcelona, 1957) se presenta en tercera persona: «Trabajó como empleado de banca, participó en carreras de motos? Pero un día descubrió el mundo del espectáculo y decidió dejarlo todo para dedicarse al 100 % a este mundo y al Tricicle». Paralelamente, sigue diciendo, «ha producido dos hijas maravillosas, alguna zarzuela, espectáculos para la compañía clónica de Tricicle, Clownic, algunos guiones para cortos muy cortos. Ha diseñado vestuario para operas y bikinis para mujeres guapas y, sobre todo, ha engordado generosamente gracias a que es un amante de la gastronomía, incluida la argentina». Y concluye: «Actualmente intenta ser viajero, pintor, bon vivant, joyero y matricero fresador. Y de mayor quiere ser espectador de cine y teatro, pero solo espectador, nada de crítico, ni actor, ni productor, ni director».

También en tercera persona escribe de sí mismo Carles Sans (Badalona, 1955): «Era estudiante de Derecho y, en un momento dado, decidió dejar la toga e ingresar en el Institut del Teatre de Barcelona dedicándose en cuerpo y alma al mundo del espectáculo». Cuando dispone de tiempo «se dedica a diferentes aspectos de las artes, como llevar a cabo la dirección de El barbero de Sevilla de Rossini, ópera adaptada para niños y jóvenes y estrenada en Barcelona. Dirige y adapta para teatro la película Familia de Fernando León de Aranoa. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes entre ellos: Quien mal anda mal acaba, David y Polvo Eres, nominados dos de ellos a los premios Goya. (...) En su escaso tiempo libre, besa sin parar». Ellos son Tricicle y esta semana cierran la gira gallega de Bits que, según anuncian, será el último montaje como tal.

Pregunta. ¿Y ahora qué?

Paco Mir. Estamos con un nuevo espectáculo de grandes éxitos para iniciarlo en septiembre.

P. Antes está lo de este domingo en Barcelona compartiendo por primera vez escenario con Les Luthiers...

Carles Sans. Eso va a ser una sorpresa porque el público no sabe nada. Lo único que pido es que no se rían más con nosotros que con ellos... Ya que nos invitan.

P. ¿Están intentando bajar un poco el ritmo físico que supone sus espectáculos?

P. M. En la preparación de esta recopilación nos estamos dando cuenta de que nos movemos mucho. No vamos a conseguir no movernos porque todos los sketches son de mucho movimiento. Será mucho más de lo mismo. Como son grandes éxitos, pues será lo más fuerte que tendremos.

P. ¿Hay algún montaje del que piensen sacar más sketches que de otros?

C. S. Hay espectáculos que tienen un contexto más ligado y otros que están compuestos de sketches diferenciados. De estos últimos es más fácil sacar que de los otros. De los que tienen una cierta continuidad quizá sea Entretres el más complicado, extraer momentos que eran muy buenos y muy reídos para ponerlos en un grandes éxitos cuesta más. En cambio, con espectáculos como Sit, Garrick o este Bits es más fácil. Pero habrá de todo. Incluso estamos pensando en iniciar una campaña para que el público, de antemano, decida qué sketches le gustaría ver. Un poco para calentar el tema.

P. ¿Creen que alguien canta Soy un truhán, soy un señor sin pensar en Tricicle?

P. M. Va más allá porque la gente igual baila esa canción y no sabe de dónde viene el baile. Hay mucha gente joven que la baila y no nos conoce.

P. ¿Han pensado en volver a la televisión?

P. M. Para televisión nacional hemos hecho dos cosas que eran Estrellas y lo último fue Chof...

C. S. Y para Telecinco...

P. M. Sí, pero nosotros éramos directores y era hablado. La televisión ha cambiado mucho. Hay que hacer cosas muy rápidas y baratas y nuestro tipo de trabajo es lento y con mucho dinero. Lo contrario a la televisión, que lo quiere todo muy barato.

C. S. Y la televisión exige un ritmo de competencia que no va mucho con nosotros, que nos gusta trabajar todavía a veces artesanalmente. Artesanía y televisión me parece que han ido separándose cada vez más. Ahí solo cuentan los resultados, el share y el no sé qué, y la angustia... Hay gente a la que le va trabajar así, pero nosotros preferimos otro circuito. No quiere decir que si un día nos propusiesen algo donde no tuviéramos que pelear día a día viendo el share no lo haríamos. Es un medio en el que también nos sentimos muy a gusto.

P. En la recopilación de los grandes éxitos, ¿han pensado en algún tipo de público?

Joan Gràcia. Estamos en ello. Vamos hacer lo que realmente nos gusta, lo que creemos que es actual, que no necesita revisión, aunque creemos que nuestros espectáculos son, de alguna manera, intemporales. Un amigo tuvo la idea de, a través de las redes sociales, preguntar a la gente qué quiere ver... Mezclando un poco eso, lo que nosotros pensamos y nos gusta hacer, saldrá el espectáculo redondo tanto para nosotros como para el público. 

P. ¿El público les escribe, les comenta los espectáculos?

P. M. Nos cuenta cositas, sí...

C. S. Nos quiere.

P. ¿Cuál es el público al que más les ha costado hacer reír?

C. S. Creo que es el público que no ha comprado una entrada para vernos...

P. ¿...?

C. S. Me explicaré. A lo largo de estos años hemos actuado básicamente en teatro, pero de vez en cuando hemos hecho una convención o alguna cosa así. Entonces el público que no tiene esas ganas de vernos, no viene predispuesto a pasárselo bien. Pues este público al principio es el que cuesta más pero luego ya lo enganchamos porque lo que hacemos es una cosa absolutamente universal y más allá de las culturas.

P. ¿Por qué hablan más en este espectáculo?

P. M. No tenemos ninguna regla que nos impida decir alguna palabra. Empezamos como mimos súper tradicionales y ortodoxos, pero en el primer espectáculo ya hablábamos, ya decíamos palabras. Y hablar, hablar, aunque fuera en otro idioma, palabras siempre las hemos dicho.

P. ¿Es más fácil llegar con la mímica que con la palabra?

J. G. Sin palabras es mucho más complicado. Con una frase puedes resumir un estado de ánimo, un conflicto. Sin embargo, con un gesto no es suficiente. De todos modos, para nosotros una de las grandes trabas, y también quizá uno de los grandes retos a la hora de crear ha sido poder inventar algo en función de que no se tenga que explicar nada y se entienda. Esto es difícil, siempre nos ha supuesto un obstáculo a la hora de crear. Hay gente que nos intenta dar ideas, tendríais que hacer esto o lo otro, sin percatarse de que sin texto hay cosas que resultarían incomprensibles. Y un espectáculo incomprensible es aburrido. De ahí viene la mala fama que tiene el mimo clásico, del que decían que no se le entendía nunca nada...

P. En Bits hacen, entre otros, un homenaje a Jacques Tati, ¿son muy cinéfilos?

P. M. Parecemos muy mayores pero ya somos hijos del mundo de la imagen, del audiovisual. Hemos nacido con una televisión en el salón. Nos hemos nutrido del cine, como cinéfilos, pero también de series de televisión que eran muy buenas. Por ejemplo, en su momento Los Picapiedra, La Pantera Rosa... Muchas de las series que había hace 50 años, y otras más antiguas, tenían guiones impecables que respondían a una escuela de guión mucho más fuerte que la de ahora. Después, todas las películas de la época dorada, años 30, 40, 50 y 60, con súper buenos actores formados en teatro y súper buenos profesionales guionistas formados en teatro. Esa era nuestra escuela. Ahora esto está más disuelto, porque la prisa no facilita que las cosas sean mejores.

P. ¿Van a conseguir esa tranquilidad a la que aspiran?

P. M. Dentro de cien años, cuando seamos creadores...

C. S. Ayer me quedé preocupado porque un niño salió y me dijo: En el póster se te ve más joven [risas].

P. ¿Qué tal la gastronomía?

C. S. Ayer ya nos dimos un atracón por la noche y ahora vamos a tomar una tortilla de Betanzos.