Esbozos de una vida: viajes, amigos, aeropuertos, animales y divagaciones. Miguelanxo Prado convierte en arte cuatro sencillos trazos. Esta segunda recopilación de momentos es un homenaje al dibujo y a quienes lo aman
12 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Cada vez se hacen menos garabatos sueltos, en servilletas, papeles desechados, mientras uno espera, en el médico, en el dentista, al bus, mientras está en un parque o simplemente se aburre. Perderse en la pantalla de los teléfonos ha sustituido esa sanísima costumbre de plantarse ante el papel. Los hay que no, que no renuncian a ello. Y que tienen la virtud de captar miradas, instantes, bicherío y paisanaje. «Mientras mi cerebro y mi mano no se rindan, jamás dejaré de dibujar», dice Miguelanxo Prado en el prólogo de estos segundos Papeles dispersos. Que son eso, un conjunto de momentos en lugares y tiempos concretos aparentemente sin conexión alguna. Aunque el dibujante coruñés pone un hilo conductor y la obra resulta enriquecedora. Primero, porque nos muestra el esqueleto de la creación de uno de los mejores exponentes de siempre del cómic europeo (no es exageración chauvinista, pregunten en Francia o Italia). Bocetos a lápiz, inacabados, pero que permiten captar detalles creativos. Y segundo, porque nos pone frente al espejo del mundo, de lugares reconocibles, de tipos anónimos pillados a escondidas en terrazas, en aeropuertos. Hay algo de sano de espionaje y también, claro de reto personal. Buena parte de estas piezas -explicadas- de Prado se pudieron ver antes en su blog y en su Facebook. En conjunto, son imperdibles.
Papeles dispersos II. Miguelanxo Prado. Norma Editorial. Blanco y negro. 96 páginas. 15 euros