Sur de Francia, verano de 1979. Habla Martin Amis:
«Estaba sentado en un bar de la estación de Tolón. Tomaba café, escribía cartas y pensaba en mis asuntos. El bar tenía un flíper, un artilugio vetusto adornado con naipes. A esa hora solo había algunos parroquianos. De repente se produjo una pequeña conmoción y el maître, una foca con delantal, salió a supervisar una entrega en la puerta. Varios forzudos peleaban entre gruñidos con algo que parecía un frigorífico ensabanado. Lo instalaron en un rincón, lo enchufaron y le arrancaron el velo. La invasión de los marcianitos había empezado».
Aquel armatroste era, por supuesto, el legendario Space Invaders, la primera maquinita con la que varias generaciones tratamos, en vano, de salvar la Tierra de aquella lluvia de pérfidos alienígenas.
Aquel 1982
Amis es un videoadicto convicto y confeso. Lo relata, con el talento y la prosa furibunda que le caracteriza, en La invasión de los marcianitos, un delicioso libro publicado originalmente en 1982 y que nunca se había reeditado hasta la fecha. El sello Malpaso lo recupera ahora en castellano (la primera y única edición en inglés es actualmente una rareza que se cotiza a precio de oro en la red) con una brillante traducción de Ramón de España y el prólogo original de Steven Spielberg, que aquel mismo año estrenaba su impagable E.T.
El futuro autor de cimas de nuestra época como Campos de Londres, La flecha del tiempo o Dinero, retrata el perfil patológico del adicto a los videojuegos y de la fauna que deambulaba en los ochenta por los salones recreativos, transita con humor desatado (y acerado) por la trastienda de la historia de esta industria y hasta ofrece un amplio repertorio de consejos y trucos para enfrentarse a los entresijos de Galaxian, Asteroids, PacMan o Donkey Kong.
En el fondo, lo que demuestra aquí Amis es que los videojuegos, como todos los juegos, son en realidad un asunto muy serio. Tal vez por eso -recuerda- cuando esa misma primavera se debatió en la Cámara de los Comunes el problema de los jovenzuelos de ojos vidriosos hipnotizados por los alienígenas, los marcianitos ganaron por goleada: 114 votos a 94.