Pardo presenta esta noche su segundo disco, Let it stay, un paso adelante entre el folk y el country, con ese tono suyo arenoso, marca ya de la casa
13 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Pese a proceder de bandas rockabillys, Pardo siempre quiso mostrarse en solitario sin patrón. "Hasta hace un año no me puse a ello, pero me gusta controlar yo todo el proceso. Esto empezó sin querer", explica.
-Una de sus señas de identidad es la voz rasgada. ¿Cómo queda la garganta tras tocar?
-[risas] Sin problemas. No rasco la garganta al cantar, no me hago daño. Tiene su técnica. Cuando llego a ciertos tonos, se me rasga sola. No podría cantar sin rasgar la voz.
-¿Lo suyo es algo retro o atemporal?
-Me gusta mucho más lo de atemporal. Lo de retro no me suele gustar mucho. La música es música, siempre es atemporal. Cada uno tiene sus influencias, pero yo nunca me pongo a componer de manera que quiera sonar retro, sino que busco tener mi propio mensaje.
-En todo caso, es una rara avis. ¿Se siente hermanado con alguien a nivel nacional o gallego?
-Hay mucha gente que me gusta y veo que tengo que ver con gente de Galicia. Noto influencias parecidas en Niño y Pistola o los Soul Jackets. Incluso con gente que canta en castellano. Cuando escucho a Depedro me recuerda a mi forma de tocar.
-No se ha atrevido con el castellano, por cierto.
-No, todavía no. Estamos trabajando para el tercer disco. Quizás ahí caiga algo.
-En su día decidió no volver a tocar sin entrada, porque la gente hablaba. ¿Los que pagan están en silencio?
-No, no siempre [risas]. Pero lo que sucede es que cuando la gente paga entrada es porque quiere ir al concierto. Si lo hace ya es otra cosa. E influye. Pero también hay que educar a los locales. No siempre es culpa del público.
-Antonio Luque, de Sr. Chinarro, decía que el músico pop hoy es como el pianista de los bares del oeste. ¿Se ha sentido así alguna vez?
-[risas] Sí, es un poco frustrante. Cuando cobras una entrada, muestras tu proyecto y la gente está interesada. Pero cuando estás en un bar de obreros, tocando todos los fines de semana y cambiando el repertorio para no aburrir, sí que te conviertes en el pianista del bar del oeste. Pero es un trabajo. No queda otra.
CONCIERTO
A Coruña. Garufa Club. Hoy. 22 horas. 6 euros en compra anticipada, 9 euros en taquilla