Regresa el Río Breogán al Pazo (este sábado, 19 horas) tras la visita a Fontajau, en la que el Girona no dio opción a los lucenses en una cita que resultó muy complicada y en la estuvieron lejos del nivel que están mostrando en la competición. Es lo que tiene este campeonato, una dificultad máxima jornada tras jornada.
Buen ejemplo de ello es el adversario que ahora toca: La Laguna Tenerife. Los tinerfeños, bajo la batuta de un entrenador mayúsculo, Txus Vidorreta, juegan un excelente baloncesto sustentado en una muy buena plantilla acostumbrada, desde hace ya mucho tiempo, a competir al máximo nivel en todos los escenarios y campeonatos. Con un jugador, Marcelinho Huertas, por el que merece la pena pagar una entrada; auténtico líder del grupo y que conforma una sociedad letal con otro de sus hombres más determinantes: Giorgi Shermadini.
Un equipo con buen poderío exterior personificado en el gran rendimiento de Jaime Fernández, Joan Sastre, Rokas Giedraitis o ese todoterreno y rey de los intangibles que es Thomas Scrubb. Con Bruno Fitipaldo como escudero del base brasileño, dos ‘cuatros’ solventes, Aaron Doornekamp y Tim Abromaitis, y un Fran Guerra rindiendo a un nivel muy alto en la posición de ‘cinco’. Y llegan a Lugo después de dos derrotas consecutivas —en ambas sin Marcelinho Huertas— ante el Real Madrid, sobre la bocina, y en la BCL, aunque aquí manteniendo el average y certificando su pase a la siguiente fase a falta de una jornada.
Un conjunto con una sólida y brillante estructura táctica, tanto en defensa como en ataque, y con una filosofía clara basada no en correr más, sino en buscar el momento adecuado para encontrar el mejor tiro posible, buscando al jugador liberado y llegar así al mejor porcentaje. Aquí los números no engañan.
Enfrente, un Río Breogán en su mejor escenario, en el hábitat del Pazo. Y no se puede hablar mejor de lo que lo hizo Luis Casimiro en la rueda de prensa posterior al partido del Girona. Ahora hay que querer a los jugadores más que nunca porque, como dijo un sabio entrenador, «no me quieras porque gané, necesito que me quieras para poder ganar». Palabra de Marcelo Bielsa.