Para ganar en Manresa, aparte ser mejor jugando a baloncesto y tener mejores porcentajes, hay que igualar la energía con la que juega el equipo local en todo momento, alentado por su público. El Río Breogán ha estado muy lejos de esa versión que sí había demostrado en los últimos seis o siete partidos. Es una decepción, porque tal vez este partido era el momento en el que todos esperábamos ver un paso delante de los de Mrsic para cambiar la dinámica de la temporada, con el equipo ya centrado solo en una competición.
Tras unos primeros minutos iniciales de tanteo, donde los dos equipos no desarrollaban el juego rápido al que están acostumbrados, las dos faltas de Ben McLemore que le llevaban al banquillo condicionaban mucho a los lucenses. Claramente debe mejorar este aspecto si quiere ayudar a su equipo a competir mejor. Cuesta encontrar situaciones claras de juego ofensivo cuando no está el norteamericano, no solo por lo que anota sino también por los espacios que genera. En este primer parcial, el Breo se mantuvo en partido impidiendo que Manresa pudiese jugar en transición con facilidad.
Buscaron los celestes en el inicio de partido situaciones de balón interior que le dieron rentabilidad y circulación de balón por momentos. Sin embargo, en el segundo cuarto no se insistió en buscar esas ventajas y se abusó del bote, creando un cortocircuito ofensivo que permitió ver todas las virtudes a la carrera del cuadro que dirige Pedro Martínez. La renta que consiguió el cuadro local en este momento sería, a la postre, insuperable. Es una pena que Toni Nakic haya tenido un bajón tras una vuelta ilusionante, pero creo que deberían pasar por él muchos más ataques celestes, ya que le da mucho sentido al juego.
En el tercer cuarto estuvo mucho mejor el Breo, moviendo más el balón en ataque y consiguiendo tiros liberados tanto cerca como lejos del aro. En cambio, cada intento de acercarse en el marcador era contrarrestado con canastas fáciles de los manresanos. Inexplicable la facilidad para permitir llegar el balón tan fácil hasta esas posiciones cercanas al aro y la ausencia de tensión y ayudas buenas desde el lado contrario. La dinámica negativa continuó en el último cuarto donde solo pequeños destellos de McLemore junto con la garra y el orgullo competitivo de Sergi Quintela impidieron que el rival ganase por una diferencia más abultada.
Toca aprender de los errores, resetear y pensar en la siguiente batalla sabiendo que en esta liga, para ganar fuera de casa, hay que dar un paso al frente y competir con mucha más determinación.