Este pasado sábado se produjo el quinto triunfo en Lugo del Breogán sobre el Real Madrid. El séptimo a lo largo de la larga trayectoria del equipo lucense en la élite del baloncesto español. Si ya de por sí una victoria sobre el gigante blanco, o bien sobre su némesis blaugrana, es titular de prensa, lo ocurrido en el Pazo desbordó todas las expectativas. No sabemos cuánto va a durar esta suerte de estado de gracia en el que el equipo celeste navega desde el último ascenso, sellado en Granada en junio del 2021, pero parece que el karma realmente existe y está pagando deudas pendientes.
A principios de temporada, el aficionado cauteloso esperaba y temía la visita del Real Madrid de Dzanan Musa porque a la altura de la temporada en la que estamos era difícil pensar en que el objetivo del club lucense sería intentar asaltar los play offs o las plazas europeas.
Con la permanencia en el bolsillo, recibir al bosnio, lucense de adopción, se convirtió en el principal atractivo del choque. El club y el público le brindaron un emotivo homenaje que ha trascendido más allá de nuestras pequeñas fronteras. Solo restaba dar la cara y apoyar al equipo porque, una vez iniciado el crono, el camino estaba claro y solo tenía un color. No hubo ocasión de que los nuestros sintiesen celos del ídolo exbreoganista porque el Pazo siempre es monocromo. ElBreogán respetó a su rival y se respetó a sí mismo y, haciéndolo, respetó al deporte en general y al baloncesto en particular.
Halagos que emocionan
Todos los pecados de infancia y adolescencia del club, que también los ha habido, están perdonados. La estabilidad institucional, económica y social que disfrutamos merece también la estabilidad deportiva. Aquellos años oscuros, llenos de incertidumbres y de penurias, palidecen ahora en el recuerdo como un mal sueño. Por eso emocionan tanto los mensajes de exjugadores, propios y rivales, que inundan las redes reconociendo el ambiente del Pazo como uno de los mejores para jugar al baloncesto. O de expresidentes de equipos otrora rivales, como el coruñés Carlos Lamora, que siempre mostró una sensibilidad especial con el equipo celeste y su afición.
Es preciso y urge aprovechar este tirón y crecer, y urge más que las instituciones responsables de las instalaciones también lo entiendan, y utilicen este tirón para conseguir que cada vez más niños quieran practicar este maravilloso deporte, y pongan los medios para ello.