No está teniendo fortuna el Río Breogán en este final de temporada con las lesiones. Al fatídico accidente de Musa, al cual nos alegramos de verlo de nuevo sonriendo en el Pazo, se unía la baja de un baluarte como es Bell-Haynes. Pero este año hay en Lugo mucho más que jugadores franquicia y estrellas. Hay un verdadero equipo.
El plan de partido del Breo salió a la perfección en el primer cuarto. Férrea defensa, estando muy encima de los anotadores zaragozanos y paciencia ofensiva jugando a posesiones largas en caso de no poder correr.
Ferrari, que venía de hacer buenas actuaciones en los partidos anteriores, especialmente contra el Barcelona en casa, no tuvo ocasión de mostrar su nivel anotador (gran defensa local), pero fue Sean Kilpatrick quién tomó su relevo y con su acierto mantuvo a los de Sakota en el partido durante el segundo y tercer cuarto.
Por parte local, muchísimo criterio ofensivo y paso delante de muchos jugadores en el aspecto anotador. Ya no es casualidad las últimas actuaciones de Marko Lukovic, cuyo trabajo en el juego sin balón y las canastas cercanas al aro está siendo muy importantes. Se notó el día un poco más gris de Rasid Mahalbasic con algunos errores en la toma de decisiones. La baja de Musa obliga a jugar mucho tiempo con tres pequeños, lo cual permite tener una gran defensa exterior pero genera problemas de inferioridad física en el lado de ayuda.
En el último cuarto quizá el Breo acusó el cansancio de una temporada que ha sido larga y dura y esos 28 puntos encajados pasan factura a la hora de conseguir una victoria en la que se creyó durante muchos momentos. A falta de dos minutos Waczynski y Radoncic parecían sentenciar el partido con sendas canastas, pero este equipo siempre vuelve, siempre compite y con esos triples de Erik y Kalinoski se volvieron a enganchar. No fue suficiente pero es una muestra más de la garra de este equipo, que compite siempre sin perder la cara.