Tiempo de disculpas en el Breo

Echar la culpa de los errores a la parcela deportiva, insinuando que todo lo demás se hizo bien, no es lo más justo


Consumado el descenso del Breogán, entramos de lleno en tiempo de disculpas. El presidente no sabe aún si va a continuar, pero tiene claro que ha faltado la faceta deportiva. ¿Ha faltado o ha fallado? ¿O las dos cosas? Después de un cásting para nombrar director deportivo, como si esta fuese una figura banal, se decidió que todo quedase en casa, y entró en juego Quique Fraga. ¿Quién fichaba? Nunca estuvo claro ¿Se hizo un buen equipo o un equipo descompensado? Sacudirse las pulgas no parece ahora mismo lo más adecuado.

Desde el principio parecía claro que Cvetkovic no era un uno, y quedó más que demostrado. El expediente Norel aún es a día un misterio lleno de fábulas. En años anteriores había jugado el 96 % de los minutos ¿Vino lesionado o se lesionó aquí? Contarnos ahora que en las decisiones deportivas no participaba el consejo suena a disculpa de pésimo gusto.

Se fue Jordan libre como un pájaro sin una cláusula que diese prioridad al Breogán. En el primer parón por las famosas ventanas, después de la amarga derrota ante Zaragoza, no hubo fichajes. Más tarde, en dos días, aparecen por Lugo Millsap y Dragicevic, lo más opuesto al perfil de Jordan. ¿Solo culpa del director deportivo? Todos recordamos lo que aportaron, y uno de ellos lo que duró, pero aún faltaban más movimientos. No había dinero y, como tantas veces, aparece en escena Jesús Lence y mueve los hilos con aquella frase: «el Breogán no puede bajar». Llegan dos nuevas incorporaciones, McCallum, el único acierto en la desastrosa política de fichajes, y Ochefu, otro misterio. Lo único sabido es que llegó a Lugo con un esguince; acabó con la ficha desactivada y aún no sabemos si por su edema óseo o por decisión técnica. Si quien ofreció el dinero levantase la cabeza...

En fin, echar ahora la culpa de todos los errores a la parcela deportiva, insinuando que todo lo demás se hizo bien, suena muy fuerte. La gestión deportiva, los plazos de Norel, los fichajes, todo se gestó en un club poco estructurado y salió mal. Es la realidad. Ahora toca pensar en el futuro, pero echar las culpas al más débil no parece lo más justo.

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