«O bo é vender... Xa comeremos centola cando pase o día de Reis»

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

FIRMAS

El patrón mayor de O Grove bromea con una centolla en la lonja meca.
El patrón mayor de O Grove bromea con una centolla en la lonja meca. MÓNICA IRAGO< / span>

Al patrón mayor de O Grove, Antonio Otero, la centolla le encanta. «Está boa, moi boa, nunca te aburres de comela», dice con una carcajada. Pero estas Navidades parece que el rey del marisco no tendrá sitio en la mesa del responsable del barco Chapeliño, uno de los que desde el mes de noviembre sale a la caza y captura del crustáceo que ha hecho famoso al puerto meco. «Dos seis mariñeiros que andamos nel, non creo que haxa ningún que vaia comelo, a non ser que o conxelase, claro», explica este veterano marinero. El crustáceo se escapa del menú y hace bueno aquello de que, en casa del herrero, cuchillo de palo. «E que este ano vai moi caro, e máis caro vai ir aínda», protesta Antonio.

Los números le dan la razón: en la lonja de O Grove la centolla lleva más de una semana encaramada por encima de los treinta euros. «E aínda vai subir», explican desde el Chapeliño. No habla Antonio Otero por hablar. Desde que arrancó diciembre, el mar está tranquilo, el viento sopla del Norte y hace frío. A la centolla, esta suma de factores la empuja a meterse en sus escondites y a no mover ni una de sus largas patas. Así que pescarla es complicado y comprarla, caro.

Que los precios se disparen de esta manera no es una buena noticia para la flota, que cambiaría más capturas por unos precios menos brillantes. Pero es lo que hay. No queda otra que adaptarse y poner al mal tiempo buena cara. «O importante é que haxa marisco para vender. Habendo vendas, xa nos encargaremos nós de poñer outra cousa na mesa», bromea el patrón mayor de O Grove. Y vender, efectivamente, tiene su importancia. A fin de cuentas, la Navidad es la mejor época de ventas de este marisco. «É a campaña que temos. Despois de que pasen as festas, pouco se fai xa», explica Antonio Otero. Así que lo mejor que se puede hacer con el producto que caiga en las redes del Chapeliño es venderlo y guardar el dinero para formar ese colchón del que los marineros deberán ir tirando el resto del año. «Nós, por sorte ou por desgraza, comemos centola moitas veces... Se hai que pasar sen ela nestes días pásase, e xa volveremos comela cando pase o día de Reis».

Pero Antonio, socio fundador de la cofradía gastronómica O Centolo Larpeiro -el nombre lo dice todo-, confiesa que tal vez se pueda hacer un apaño para saborear aunque solo sea una pata de centolla. «Home, igual algunha desas pezas... digamos que de segunda», explica. Las que no se venden porque no están tan llenas, o tan hermosas, como las que sí salen a subasta en la lonja de O Grove. «Xa se verá. Todo vai depender dos prezos e de como vaian as ventas», sentencia Antonio. Y ya lo dejamos, trabajando. Aprovechando esa pequeña revoltura del tiempo que, con un poco de suerte, sacará a las centollas arousanas de sus guaridas.