«Nuestro sistema de protección de la infancia es todavía muy débil»

La entidad lucha en España por conseguir en un pacto de Estado para los niños y en los países pobres intenta erradicar las muertes prevenibles


redacción / la voz

«Los políticos no tienen en cuenta a los niños y niñas a la hora de diseñar sus políticas de impuestos y empleo». Lo dice Myriam Garabito, presidenta de Unicef Galicia, que vela por los derechos de la infancia en todo el mundo, derechos que se establecieron, hace ahora 25 años, en una convención firmada por 190 Estados. Sin embargo, aunque el acuerdo es vinculante, los menores siguen altamente desprotegidos, incluso en el primer mundo. Para paliar esta situación, que en España se ha visto más expuesta con la crisis, Unicef pide un gran pacto de Estado sobre infancia.

-Dice Unicef que en esta crisis a los jubilados españoles les ha salvado el Pacto de Toledo, que garantiza las pensiones, y que los niños necesitan algo así.

-En España el sistema de protección de la infancia es muy débil. Los hogares con niños son más pobres, con diferencia, y la distancia entre estos y los hogares sin niños se ha triplicado en ocho años. En Galicia, uno de cada cinco niños vive en familias (dos adultos y dos menores de 14) que ganan menos de 17.000 euros al año.

-¿Qué podría resolver un gran pacto por la infancia?

-Podría proteger a los niños al mismo nivel que hoy lo están los mayores. Los jubilados han notado al crisis, pero tienen cubiertas sus necesidades, tanto que son ellos los que en muchos casos están manteniendo a sus familias.

-¿Qué medidas concretas incluiría ese pacto?

-Además de una coordinación de esfuerzos, una acción legislativa que tuviese siempre en cuenta el impacto de las leyes en la familia, un diagnóstico de la situación y un seguimiento de las medidas, el pacto obligaría a un gasto social para las familias mayor del que hay; una ayuda universal por hijo; mejorar los servicios públicos de salud y alimentación; hacer universal y gratuita la enseñanza de cero a tres años; apoyar a los alumnos en desventaja; y garantizar los recursos económicos para la educación, entre otros.

-¿Supondría abrir los comedores escolares en vacaciones?

-Se trata de una propuesta que generó bastante controversia. El Estado debe proteger a los niños, pero evitando que se sientan diferentes. En vez de abrir el comedor para que vayan los que no tienen dinero, los colegios podrían organizar actividades lúdicas. Eso permitiría a los padres que así lo quisiesen enviar a sus hijos, e incluiría la comida. No solo atajaría el problema de alimentación, sino que favorecería la conciliación y los trabajos, aunque fuesen muy limitados.

-Galicia ya tiene un pacto por la infancia. ¿Funciona?

-El pacto gallego del 2011 es más genérico, incluye la creación de planes de la infancia, el impulso a la participación de los niños en las instituciones, la protección de los recursos destinados a los menores y un plan para los más vulnerables. Hay una comisión mixta y nos reunimos cada cinco o seis meses, pero aunque hay muy buenas palabras nos gustaría ver algo más concreto.

-Y si en Occidente Unicef conciencia, en los países en desarrollo trabaja sobre el terreno. Tienen en marcha la campaña «Ahora no podemos parar» (ANPP). ¿En qué consiste?

-Ahora estamos muy cerca de conseguir que millones de niños pequeños no mueran por enfermedades prevenibles. A mí me gusta ser positiva, y voy a dar primero un dato muy interesante: en el 2013 murieron la mitad de niños menores de cinco años que en 1990. En 23 años, gracias a la intervención en salud, nutrición y agua se salvaron 100 millones de vidas. Lo malo es que aunque es la mitad, siguen muriendo 6,3 millones de niños al año. Por eso no podemos parar.

-¿Es más fácil para Unicef intervenir ahora que en 1990?

-Mucho más, por eso nos interesa especialmente darle impulso. Hay experiencia, estructura y formación. Colaboramos con otras entidades en el terreno: nosotros les damos los suministros y ellos los aplican. En cada país hay una sede de Unicef que ha formado a personal, que está listo para intervenir en todas las zonas.

-¿Y por qué el sistema del mensaje de móvil?

-Los fondos los pedimos a las empresas, a la Administración y a colectivos. Pero sabemos que la gente quiere ayudar, es muy generosa y solidaria, pero cada uno tiene el dinero que tiene. Nuestra tarjetas navideñas tuvieron mucho éxito, pero debemos adaptarnos a los tiempos, y ahora nadie manda tarjetas. Por eso hemos puesto en marcha el programa ANPP, que con un mensaje de texto con la palabra UNICEF al número 28028 se entrega 1,2 euros, lo que cuesta un sobre para la desnutrición. Si cada español mandase un mensaje... ¡Somos 47 millones!

myriam garabito, presidenta de unicef galicia

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