Galicia destaca por su costa y por el verdor de sus montes, por lo que la elección entre uno y otro puede tornarse complicada
20 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Vidas enfrentadas ¿Playa o montaña?
Para los afortunados que disfrutan de vacaciones de verano, elegir entre mar o montaña es a veces la única preocupación que existe. Galicia destaca por su costa y por el verdor de sus montes, por lo que la elección entre uno y otro puede tornarse complicada. Quienes parecen tener clara su elección son Diego y Alejandro, dos deportistas apasionados, cada uno en lo suyo. Diego compagina el surf con los estudios de Medicina que cursa en Santiago de Compostela. Alejandro es abogado especialista en Derecho de Montaña y hace alpinismo, esquí y escalada. «Voy a la playa tres veces al año y porque me lo pide mi novia, que si no, ni la piso», comenta entre risas. Su idilio con la montaña empezó de pequeño, de la mano de sus padres y el esquí: «Luego empecé en el rocódromo de la universidad. También me metí en la sociedad de montaña Ártabros y poco a poco fui probando más actividades».
Para Diego, que se subió a una tabla por primera vez con cinco años, el mar lo es todo: «Es como una forma de romper con la rutina. Nunca vi dos olas iguales. Es una forma de desconectar los cinco sentidos y conectar con la naturaleza, hay como una especie de simbiosis entre el surfista y el mar, nos sentimos parte de él y a la vez queremos cuidarlo». Alejandro, a su manera, siente algo parecido: «Se parecen mucho el mar y la montaña, quizá por esa sensación de libertad, de poder hacer actividades en el medio natural. Las montañas y las paredes que escalas también son diferentes unas de otras. Ver un atardecer o una lluvia de estrellas desde lo alto, alejado de la contaminación es algo incomparable».
Vacaciones activas
Para ellos, los deportes forman parte de sus períodos de descanso. «Los surfistas tenemos un espíritu viajero. Cuando me planteo desconectar de los estudios siempre planifico en torno al surf. Voy a lugares donde sé que hay mejores olas, pero a la vez es una excusa para viajar. Sirve para conocer culturas diferentes y hacer amigos», comenta Diego. Alejandro comparte esta afición. «Yo si no fuese por la montaña no conocería ni la mitad de los sitios que conozco. El 90 % de los viajes que hago siempre son a donde haya alguna montaña, alguna pared donde escalar», apunta.
Ambos deportes conllevan un riesgo que, dicen, siempre merece la pena. «Igual viene una ola, te envuelve y te quedas sin respirar debajo del agua, pero una vez que consigues surfearla, la sensación es increíble. Te vas tranquilo a la cama», dice Diego. «Hay una serie de peligros contra los que no se puede luchar. Pero disfrutar de la montaña, ver esos paisajes compensa con creces el riesgo que pueda haber. Produce mucha satisfacción», añade Alejandro. Aunque él se muestra más reacio a la playa, a Diego también le llama la montaña: «Sobre todo en invierno, cuando hago snowboard o incluso bajar en bici. Siempre cosas fáciles». Ante esto, Alejandro concede una tregua al mar: «Yo quizá si supiera hacer surf la playa me tiraría más, pero ir a tumbarme a tomar el sol y leer un libro no me motiva». Como conclusión, hace un apunte interesante: «Hay muchos escaladores que cuando se retiran del circuito internacional se dedican al surf. Debe ser por el equilibrio, acostumbrados a paredes con espacios mínimos y a jugar con el peso, el surf se les da bien». No descarta probar. «Estaría dispuesto, pero hay que mojarse y a mí eso no me gusta nada», comenta, riendo. De momento se queda en su montaña. Y Diego, entre olas en el mar.
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