Justino, ¿el muerto viviente?

La justicia no acepta el fallecimiento del cerebro de la trama de los diplomas


lugo / la voz

Se llama J. G. y está considerado como el principal cerebro de la trama que falsificaba diplomas para que vigilantes de seguridad se pudieran presentar a los exámenes. Ahora mismo está muerto para la justicia colombiana, pero para la española no.

Muerto al otro lado del Atlántico y vivo de este. Así es la situación de este hombre, muy conocido en determinados ambientes lucenses hace unos años. La justicia colombiana lo da por fallecido. La española lo tiene en situación de requisitoria, por si acaso, porque no se presentó esta semana para ocupar el asiento número 1 de los 24 habilitados en la Audiencia Provincial para tratar de cerrar un caso del año 2005 que pone de manifiesto que la justicia, en algunas ocasiones, se lo toma con mucha calma.

Algún juzgado colombiano emitió una certificación literal de defunción de J. G. En Lugo dudan de tal fallecimiento. «¿Sabe dónde está su hermano? ¿Está vivo o muerto?», le preguntó el presidente de la Audiencia Provincial, Edagar Fernández Closs, a su hermano, otro de los imputados en la trama. «No tengo ni idea», respondió este.

Como un muerto, aunque sea dudoso, es fácil que cargue con las culpas, muchos de los involucrados en la trama echaron a Justino todas las culpas. También los guardias civiles que se encargaron del atestado lo situaron como la persona que, cuando empieza a trabajar en Fuerteventura, inicia un tráfico de diplomas que salían de la academia de una empresa de seguridad de Lugo, actualmente desaparecida. Los profesores contratados por esta, todavía están esperando a cobrar lo que les adeudan. Los documentos se fabricaban luego en una imprenta.

¿Y qué se sabe de Justino? Según el fiscal, sería un hombre muy bien relacionado en algunos ambientes lucenses, especialmente en los policiales ya que tendría buenas amistades en la institución que tiene su base en la calle Chantada.

En los archivos le aparece una condena por conducir bebido. Además, la policía le siguió la pista porque tenía un trato muy especial con un colombiano apodado Fredi, supuestamente dedicado a la venta de drogas. Este y el lucense hicieron negocios porque Justino supuestamente le vendió por 1.200 euros unas placas de matrícula que precisaba para unos coches dedicados al transporte de droga.

Entonces J. G. entró en contacto con personas vinculadas con un taller de Lugo y le pasó las matrículas al colombiano que, finalmente fue pillado en Gijón en agosto de 2005. La Guardia Civil sospecha que Justino puso en marcha, junto a otro socio, el negocio de los diplomas para destinar las ganancias a la compra de cocaína y su posterior venta a terceras personas.

El cerebro de la operación descubierta por la Guardia Civil de Lugo apenas durmió algo más de un mes en prisión, porque pagó 3.000 euros y lo dejaron marchar. De él nunca más se supo. El fiscal pedía que le impusieran siete años de cárcel, pero realmente iban a ser muchos menos, en caso de ser condenado, porque habría que hacerle una rebaja por dilaciones indebidas. No hace falta. Si está muerto...

Buceando en archivos se pueden encontrar referencias de Justino relacionado con un negocio de venta de automóviles. Asimismo hay un edicto del Diario Oficial de Galicia, de septiembre del año 2002, en el que se informa de que el Ministerio Fiscal solicitó que se decretase la nulidad de su matrimonio porque jamás llego a convivir con la persona con la que contrajo matrimonio, una mujer de nacionalidad colombiana. La jueza que dictó sentencia consideró que Justino y su mujer jamás vivieron juntos y que si hubo matrimonio fue porque él quiso contraer a cambio de dinero. Ella pagaría para conseguir los papeles para residir en España.

En la lista de desaparecidos de la trama de los diplomas figura también Tomas Magnus Bak Krause un supuesto vigilante de seguridad que trabajaba en Fuerteventura que está en situación de requisitoria por parte de la justicia española.

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