Reclama que la zona rural tenga los mismos servicios que el centro
18 jun 2014 . Actualizado a las 15:44 h.José Manuel Casares pertenece a la vieja guardia del movimiento vecinal de la ciudad. Curtido en mil batallas, echa un vistazo al pasado y observa con orgullo todas las demandas que se han ejecutado en su núcleo rural (As Curuxeiras) pero también en tantos otros. El gusanillo de defender las reivindicaciones del vecino de a pie le entró a finales de los anos ochenta. Fue el germen de la asociación Laxas, que a día de hoy es una de las más activas de la ciudad. Su implicación y su trabajo, junto con el de una generación de vecinos, convirtió a este núcleo rural en uno de los más cuidados y «cañeros» de la ciudad. El resultado se deja notar hasta en las estadísticas de población. Tiene 250 vecinos, una cifra que contra la tendencia generalizada ha crecido en los últimos años. «A miña xeración marchou do pobo porque non había servizos. Eu volvín, xunto con moitos outros, para loitar e defender uns servizos que nos permitan vivir nel. O resultado é que a seguinte xeración xa apostou por quedarse a vivir nas Curuxeiras», explica José Manuel Casares, que se mantiene al frente de la asociación de vecinos.
El dirigente respira ourensanía por los cuatro costados. Militar de profesión solo abandonó la provincia para su época de formación. Luego estuvo en las COE 81 de O Cumial y en la Zamora 8 de San Francisco. Ahora pasa sus últimos años al servicio del ejercito en la delegación de Defensa, en la céntrica calle del Paseo. Pero lo que le apasiona es la reivindicación vecinal. Por eso José Manuel Casares huye de los estigmas que marcan de un tiempo a estar parte a este colectivo: «A politización é un dos grandes cánceres do movemento veciñal. Se te pos ao fronte dunha asociación tes que deixar de lado as ideoloxías políticas. O primeiro é loitar polos teus veciños e cando o que eles piden choca ca túa ideoloxía o que tes que facer é deixalo».
Casares no se esconde al hablar de la siempre difícil relación entre el dirigente vecinal y la clase política: «No meu caso nunca me deixei utilizar, aínda que hai de todo. O ser humano ten as súas debilidades, e máis hoxe coa crise e sempre parece que o político ten máis opcións de meter a unha persoa dentro ou buscarlle un traballo».
Sostiene que las reivindicaciones que realizan ahora ya no tienen mucho que ver con las de antes, porque los servicios básicos están satisfechos. Aún así, el presidente de Laxas tiene claro que el Concello de Ourense debe velar porque en el rural hay los mismos servicios que en el centro: «É moi importante ter unha boa rede de transportes. Non é de recibo que haxa que esperar hora e cuarto polo autobús urbano». Su gran caballo de batalla es el servicio de limpieza: «É moi forte. Hai catro anos que se firmou o contrato. É un documento que está de marabilla pero que non se cumpre. No rural non sabemos nin de que color son as barredoras. O que pedimos é que se esixa que se cumpra o establecido».