Homenaje a los que expusieron sus vidas desactivando artefactos explosivos

La Voz

FIRMAS

A todo militar se le presupone el valor, pero en algunos casos concretos el Ejército va un paso más allá y se lo reconoce. Es el caso de los siete soldados del batallón de zapadores que fueron homenajeados en el transcurso de los actos por el aniversario del primer aerotransporte de la Brilat.

Uno por uno, el teniente Joaquín Rivera Chamorro, el subteniente Jorge Lage Álvarez, los brigadas Ramiro José Ruiz de la Vega, Luis Ángel Díaz Carballo y Miguel Ángel Serantes Blanco, el sargento Alejandro Freire González y el soldado Miguel Ángel Beiras Santos fueron agasajados por haber expuestos sus vidas para garantizar la seguridad de sus compañeros, pero también de la población civil en Afganistán. Y es que, en todos los casos, se ha acreditado que han desactivado al menos tres artefactos explosivos a mano, un valor que el Ejército de Tierra quiso reconocer públicamente ayer.

Es algo que también hizo el propio general jefe Luis Cebrián al subrayar «su comportamiento en combate en la pasada operación en Afganistán». La cédula que les acredita con valor reconocido es «seguramente la segunda condecoración en importancia para todo buen soldado, solo detrás de la íntima satisfacción del deber cumplido».

No fueron los únicos a los que se rindió tributo ayer en la base General Morillo de la Brilat. De hecho, en distintas órdenes ministeriales y por diferentes motivos, veintiocho militares de la Brilat fueron condecorados. Asimismo, se le impuso al guion de la brigada una corbata con tres cintas doradas por su participación en los despliegues del 2005, 2010 y 2012 en suelo afgano, mientras que el Premio Azor, emblema de la brigada, recayó este año en el escritor y periodista Alfonso Ussía.

A título póstumo

No obstante, el momento de mayor intensidad se vivió cuando se le impuso, a título póstumo, la cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo a Pablo Ucha Montero. Este cabo primero de la Brilat destinado al batallón del cuartel general en la sección de Policía Militar falleció en mayo del pasado año de forma súbita tras finalizar una rutinaria sesión de entrenamiento en la base General Morillo. Fue su hijo, Raúl, quien recogió de manos del general jefe Luis Cebrián la distinción con la que el Ejército tributó honores a su padre.