Son 4.500 estudiantes, 312 profesores y 119 personas de administración y servicios. Suman casi 5.000. La cifra es lo suficientemente importante como para entender que el campus de Ourense es un pilar fundamental no solo para la ciudad, sino para toda la provincia. Hace cuarenta años que existe oferta universitaria -más allá de Magisterio-, pero la prueba de que nunca fue una preocupación demasiado urgente para los dirigentes de turno es que nació en un edificio pensado para club de jubilados en el que se mantuvo durante 16 años. Hoy el campus es el espejo de los males que aquejan a la provincia, reflejados sobre todo en el descenso de alumnado debido al paro y a los problemas demográficos, por eso es necesario protegerlo más que nunca. Hace falta un tejido empresarial sólido que absorba a los estudiantes y dé sentido a las distintas facultades, pero también es necesario que ciudadanos e instituciones defiendan sus titulaciones y peleen por que lleguen otras nuevas. Imagínense qué sería esta provincia si también se perdiera eso.