Toda una vida en el banquillo

Aíto García, 41 de sus 67 años como técnico, cumplió 1.000 partidos en la ACB


a coruña / la voz

Toda una vida en los banquillos. Aíto García Reneses (Madrid, 20-12-1946) es el entrenador por excelencia del baloncesto español, una referencia desde hace 41 años. Ayer cumplió su partido 1.000 en la ACB, pero con anterioridad ya había dirigido al mítico Cotonificio desde 1973. «Seguro que dos más y algún otro si nos metemos en play off», respondió ayer su inmediato futuro. Antes había recibido la ovación unanime del pabellón Fuente de San Luis (Valencia), en el que su actual equipo, el Cajasol, había caído en la prórroga.

Formado como jugador en la cantera del Magariños, en el año 1973 se hizo cargo del Círculo Católico de Badalona, en Primera Nacional. Una década en el popular Coto hasta que con el nacimiento de la ACB, en 1983, se fue al Joventut durante un par de temporadas para, posteriormente, encarar un par de décadas en el Barcelona.

Nueve Ligas ACB (todas con el Barça), cinco Copas del Rey (cuatro con el Barça y una con el Joventut), dos Recopas, dos Korac, una ULEB. Un palmarés excepcional y un lunar, la Copa de Europa, la Euroliga, lo que, en el fondo, provocó su intensa relación de amor-odio con la grada del Palau. Una asignatura pendiente y, probablemente, la constancia de que tampoco el baloncesto es siempre justo con los suyos. Ni siquiera con los que, como él, siempre han estado en la vanguardia.

De gesto inalterable, incluso hierático, el paso del tiempo ha acabado por destrozar tópicos como los de su mala relación con las estrellas. Pese a ganar la Liga y proclamarse subcampeón de Europa, un Palau repleto de pancartas en su contra le obligó a abandonar. Fueron un par de años como mánager, un bienio que el aficionado culé recordará como el del baloncesto más aburrido de su historia reciente. Empeñados en conquistar la cima europea, los directivos del Barcelona habían incorporado a Maljkovic. El asunto no acabó bien.

Defensa, velocidad y exigencia física. Cuatro décadas en la vanguardia de los banquillos, una autoridad incuestionable para un entrenador que, entre otros muchos jugadores, ha acunado los inicios de Pau Gasol, Navarro, Rudy Fernández o Ricky Rubio, por citar solo a algunos de los últimos; pero por sus manos pasaron Epi, Sibilio. Solozábal, Ferrán Martínez, Montero, Villacampa...

Independiente, educado y metódico, lideró uno de los proyectos más refrescantes de los últimos años del baloncesto español. Fue cuando volvió a un Joventut que trataba de salir del penúltimo túnel. Lo consiguió y rompió, una vez más, casi todos los moldes al hacer debutar en la ACB a un Ricky Rubio que aún no había cumplido los 15 años. Hasta el Madrid de Laso, probablemente el equipo visualmente más atractivo del baloncesto de los últimos años. De ahí que a nadie le extrañara que en el 2008 diera el relevo en la selección a Pepu Hernández, el hombre que había llevado a España al título Mundial y a la plata europea.

Hábilmente, José Luis Sáez, el presidente de la federación, optó por el único técnico que no suscitaba recelo. En Pekín se reencontró con Navarro, Pau Gasol, Rudy o Ricky; para el recuerdo, la mejor final olímpica de la historia.

Volvió a la ACB para hacerse cargo del Unicaja. En Málaga permaneció dos temporadas y media, en una de sus experiencias más duras. En el Martín Carpena volvió a oír el injusto «¡Aíto, vete ya!» que atronó en su día el Palau. A punto de cumplir los 66 años aceptó la oferta del Cajasol, donde se ha reencontrado con sus esencias. El técnico más veterano del baloncesto español al frente del equipo más joven de la ACB. Exigencia, defensa, velocidad y descaro. Sevilla vibra de nuevo con un equipo que está a un paso de los play off. Con Aíto. Eterno.

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