¿Hay que decir que llueve?


Resignación a resignación los ourensanos nos hemos labrado la imagen de conformistas. No es nada nuevo aunque cada vez seamos viejos. «Temos que dicir que chove». Cualquier lo pensaría viendo las cifras del Valedor, que nos colocan como los gallegos que más solicitan su amparo. ¿Eso es quejarse? Es algo más. Es como pedir socorro. Porque quejarnos, claro, sí sabemos. Otra cosa es que el 1 de mayo haga sol y nos venga mucho mejor ir a la playa que echarnos a la cara a los 30.000 parados de la provincia.

Las reclamaciones se dispararon el año pasado, con más de seis mil motivos -algunos coincidentes- para decirle al Valedor que ya les vale. La politización, ese palabro que ha venido a instalarse en nuestras vidas y en nuestros juzgados, también se asoma a este balance que dibuja, de alguna manera, qué cosas preocupan a los ciudadanos. Algunas de las quejas son el lazo que completa el paquete de iniciativas que llevan siglas o ideologías por delante. Otras son como un grito, para que no nos desmantelen: para que nos oigan, para que sepan que estamos aquí y ningún despistado apague la luz de la provincia al salir. Otras, quizás las más desapercibidas, son la constatación de que la administración, en ocasiones, está sorda y ciega. Y nos deja a nosotros mudos.

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