Espejismos en el Ateneo

Juana P. Luna

FIRMAS

El fotógrafo coruñés José Luis Pérez expone en el Ateneo

07 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

De la mano, ( y del ojo), del fotógrafo coruñés José Luis Pérez vienen los Espejismos que a lo largo del mes de abril podemos visitar en la sala de exposiciones del Ateneo Ferrolán; trece fotografías en blanco y negro que hablan de la misma fotografía, del suceso fotográfico y nos invitan a hacer una reflexión en torno a esa realidad de la cual la técnica fotográfica hace gala tantas veces.

Hablar de fotografía es hablar de luz, y esto es lo que José Luis Pérez hace de un modo técnicamente impecable, se aprecia la experiencia que tiene en lo analógico, y que traduce a lo digital, a través de la riqueza de sus grises y del dominio de las luces y sombras más extremas. Durante la visita a la muestra, inevitablemente se me vinieron dos clásicos a la cabeza, por un lado Adams y su Sistema de Zonas, por lo que acabo de explicar de la luz, y por otro lado, Stieglitz y su paso del Pictorialismo a la Fotografía Directa. Lo de Stieglitz es más complicado de explicar pero tiene su sentido, la primera impresión que tuve al mirar estos Espejismos, tuvo que ver con la sensación de que las fotografías estaban salpicadas de pintura, desvaídas por medios ajenos a la fotografía, cuál fue mi sorpresa al descubrir que era fotografía pura. Las motas que se aprecian, el desdibujado, forman parte de lo fotografiado, de esa realidad que solo de vez en cuando aparece ante nuestros ojos. José Luis Pérez a través de sus avezados ojos encuentra esos maravillosos momentos en que los elementos más sorprendentes confluyen en sus encuadres para sorpresa del espectador.

Y es en este punto donde encuentro que nuestro fotógrafo utiliza esa fotografía directa, libre de artificio, con la única consigna de hacer protagonista a una realidad que estalla delante de él en décimas de segundo. Pero no es la cuestión técnica la única, la originalidad del punto de vista, el darle la vuelta a la tortilla forman parte del éxito de estas imágenes. El fotógrafo no se queda de pie con el ojo en el objetivo esperando el suceso, no,? mira y vuelve a mirar a través de la lente, gira la cámara, observa desde todos los puntos de vista posibles, incluso desafiando a la gravedad, hasta localizar ese momento mágico que tanto nos sorprende e incluso nos hace sonreír.

De nuevo la luz toma las riendas y se hace protagonista en esos reflejos llenos de quietud y magia, y es que realmente parece que se congeló el tiempo y con él el mundo. Son imágenes en las que ya no sucede nada que tenga más importancia que el mismo hecho de fotografiar, que el mismo hecho de la luz revelada, son todos ellos momentos muy mágicos, como el mismo autor los llama Espejismos, o lo que es lo mismo, visiones que ni siquiera sabemos si fueron reales alguna vez.