Esta semana asistimos al trágico naufragio del arrastrero Mar de Marín al colisionar con el buque mercante Baltic Breeze, que dejaba tres muertos y dos desaparecidos. Las circunstancias que rodean el siniestro siguen siendo poco esclarecedoras, de momento.
Entre los supervivientes se encuentra un biólogo contratado por una empresa de servicios que desempeñaba la labor de observador pesquero para el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Los observadores obtienen a bordo de barcos de pesca datos fundamentales para la investigación pesquera que evalúa, entre otras cosas, el estado de las poblaciones de interés comercial y la presión pesquera. Estos datos contribuyen a establecer las cuotas destinadas a desarrollar una pesca sostenible.
Las condiciones laborales en las que trabajan estos observadores en nuestro país son muy cuestionables. En la mayoría de los casos, estos profesionales son contratados por días y, a pesar de compartir las condiciones, peligros y penosidades de los trabajadores del sector pesquero, no cotizan por el régimen especial del mar.
Entre las tareas pendientes de la administración en materia de investigación pesquera destaca la revisión de las condiciones de estos titulados superiores que, a pesar de la importancia de su labor, siguen trabajando en condiciones indiscutiblemente inadecuadas.