La vida las puso contra las cuerdas, pero ellas le sacan jugo a la adversidad
30 mar 2014 . Actualizado a las 06:56 h.Marián Lado trabajaba de administrativa en una empresa, pero hace tres años que se quedó en el paro, y está a punto de agotar la ayuda social, con un marido que trabaja de forma esporádica y un hijo de 9 años. Patricia Sóñora es profesora, pero lleva casi dos años sin trabajar. Su marido estaba en el paro, pero hace unos meses lo llamaron para instalar unas placas solares; se cayó, rompió tres vértebras y está de baja. Tienen un niño de 5 años con una discapacidad. Isabel Camba, hija de gallegos, regresó hace trece años de Argentina para cuidar a sus padres, y en medio le cogió el corralito. Con cuatro hijos y sin trabajo, su relación de pareja se deterioró hasta el punto de ser víctima de la violencia de género. Cayó en un pozo del que pensó que nunca iba a salir.
El año pasado, las tres se conocieron en un curso de dinamización comunitaria al que fue a dar una charla Pepa Vázquez, asistenta social de Boa Vida, una asociación de Pontevedra. Fue tal el feeling entre ellas y el que se creó con la conferenciante, que no tardaron en sumarse al proyecto.
Pero Boa Vida no es una oenegé cualquiera. «Por un lado está la caridad, donde los que tienen le dan a los que no tienen, y por otro está la solidaridad -explica Isabel-; compartimos, cooperamos y decidimos en grupo». Eso es Boa Vida.
Por eso ellas reconocen que están en riesgo de exclusión social. Bueno, Isabel admite directamente que ella es una excluida social. Lo que las une a las tres y a algunas mujeres más que trabajan con Boa Vida en Vilagarcía es la necesidad de sacar algo positivo de esa adversidad. «No queremos ser una asociación de mulleres rurais», aclaran.
Lo suyo es otra cosa. Son conscientes de que carecen de la red necesaria para resolver los problemas de los que llamen a sus puertas, pero tampoco es ese su objetivo. «Hay otras entidades que son necesarias y vamos a trabajar con ellas, porque nosotros no podemos abarcarlo todo. Nos sentimos arropadas por otras asociaciones».
De entrada, han creado la Oficina de Deberes y Derechos Sociales, con la que puede contactar cualquier persona en el teléfono 633 076 570. «La intención es formar, informar, reivindicar y ofrecer ayuda mutua. Las personas tienen derechos que a veces no conocen, y queremos dárselos a conocer. Eso los va a ayudar a ellos y nos va a enriquecer a nosotras». Porque esa es su filosofía: «Trabajar desde la exclusión para la inclusión, para una realidad más justa». Quizás siempre lo vieron así, pero su propia experiencia las llevó a revertir la situación y sacar algo bueno de sus propias dificultades.
Han solicitado un local al Concello, y ya empezaron a trabajar con algunos colectivos como los inmigrantes o los socios de Lazareto. «El paro no es el único problema, pero es el gran problema y va a hacer que la exclusión aumente. Pero también puedes llegar por una enfermedad, por dependencias, porque perdiste las redes o porque perteneces a otra raza o a otra cultura».
Además, colaboran con una ambiciosa iniciativa en la que trabaja Boa Vida en Pontevedra, la creación de un proyecto de reciclaje textil para generar autoempleo. Isabel estuvo la semana pasada en Navarra, donde funciona un centro de reciclaje de ropa desde hace 40 años. «Y allí hay doscientas personas que viven de los residuos de la cuenca de Pamplona». Uno de sus sueños es lograr poner en marcha algo así en Pontevedra.
Han pasado varios meses desde que se conocieron y se embarcaron juntas en el proyecto. Los hijos de Isabel dicen que «mamá está de vuelta», y ella sueña con volver a soñar. Marián quiere acabar con los dos bandos de excluidos e incluidos y Patricia lucha por cambiar pequeñas cosas para mejorar el día a día. Un abrazo a veces es suficiente para empezar.
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