Todavía no hay una versión oficial de lo que sucedió realmente con el Santa Ana, ni algo que explique el rumbo decidido contra los arrecifes de la Erbosa. «Se despejarán las dudas en su momento, con el rumbo grabado por Salvamento Marítimo y demás datos. Pero estos son para la Comisión de Investigación de Siniestros Marítimos de Madrid y para el juez, nada más», zanja Licinio Alonso de la Torre, capitán marítimo de Avilés, que evita cualquier especulación o hipótesis sobre el naufragio.
Esos datos son los que emanados de la caja azul, un dispositivo que va enviando información sobre la navegación del barco a una base logística, que en este caso se encuentra en Portugal, pues el Santa Ana tiene su sede en el puerto de Matosinhos.
Alonso insiste en la necesidad de «fijar el barco» antes de que los buzos se metan dentro, pero avisa de que puede ser «un proceso más bien lento». En cualquier caso, «el objetivo ahora es que deje de moverse», precisa el capitán en conversación con La Voz de Galicia.
Pero una vez que esto se logre, el rescate de los cuerpos será muy rápido: «Si se consigue estabilizar el buque, la entrada de los buzos es casi automática. Eso cambiaría radicalmente el tema y facilitaría el acceso al puente de gobierno del Santa Ana».
Pero antes hay que superar, en su opinión, una dificultad añadida, la «escasa visibilidad» que hay estos días en el agua, como consecuencia del oleaje en las rompientes y del fango que remueve la popa del navío en el fondo, un «impedimento» más, apunta Alonso de la Torre.