Seis horas de incomodidad, dolor y mucha paciencia

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Niños con ancianos, pacientes apretujados y familiares que no saben dónde colocarse es la crónica del día a día

02 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Por mucho que los 18 médicos del equipo de Urgencias del Hospital do Salnés, con la ayuda del resto del personal, se empeñen en hacer un gran trabajo, el día a día del usuario que se ve obligado a hacer uso del servicio es un calvario. Y todo porque no hay espacio.

El que llega ya no llega de buenas. O tiene dolor, o está preocupado porque sospecha que algún mal le aqueja o sufrió una emergencia que le llevó a buscar ayuda médica. Por eso, de entrada, acudir al servicio de Urgencias ya es desagradable. Pero luego hay que echarle una media de entre cuatro y seis horas. Porque si el caso es grave, al paciente se le atiende al momento, pero hay que hacerle pruebas y esperar a los resultados, lo que lleva su tiempo. Y si no es grave, hay que esperar a que atiendan a los que sí llegan con una urgencia, que lógicamente tienen preferencia.

O sea, que hay que echarle paciencia, o bien en la sala de entrada o en la que hay ya dentro del servicio. Unas sillas incómodas y a menudo insuficientes en las que se sientan los enfermos mientras que sus acompañantes, la mayor parte de las veces, permanecen de pie. Sobre todo en épocas como estas en las que las gripes y las complicaciones respiratorias tienen colapsado el servicio.

Luego, el enfermo pasa a uno de los boxes. Si no hay mucho apuro, estará solo o con su acompañante, pero cuando el servicio se satura, deberá compartir espacio con otro enfermo del que solo le separa una cortina. Y el dolor, la tensión, la preocupación y la vejez piden a gritos una intimidad que no existe y que menoscaba la dignidad a la que todo ser humano tiene derecho.

El Hospital do Salnés tiene siete boxes dobles, una sala vital, otra de críticos y una sala de yesos. También hay un espacio más cómodo para las personas que se tienen que quedar en observación -las cuatro horas iniciales pueden pasar a ser doce en esos casos-, pero si esa zona está ocupada, el paciente pasa la noche en una de las frías camillas de los boxes.

Y luego está lo de los menores, que no tienen un espacio propio y cuyos catarros y virus conviven con las infecciones respiratorias de los ancianos, una situación nada recomendable desde el punto de vista sanitario.

Es, sencillamente, un problema de espacio. Y eso es lo que se busca con la ampliación del centro y la creación de una nueva área de Urgencias que triplicará su superficie actual. Pero hay también un problema de tiempo. El de la burocracia, que es siempre más lento y que no entiende de urgencias.