La senda hacia la concentración de actividad en la zona portuaria sur se inició hace trece años. Por razones obvias -la contestación social con la que fueron recibidos en la ría los depósitos, para empezar- Ferrazo acaparaba entonces, aunque para mal, el protagonismo mediático del Puerto de Vilagarcía. El alcalde, Javier Gago, escogió el verano del 2001 para plantear un pacto que, con el paso del tiempo, ha ganado crucial relevancia: el regidor socialista proponía al presidente popular de la Autoridad Portuaria, entonces Manuel Bouzas, que la actividad industrial se concentrase hacia Ferrazo, de forma que la ciudad pudiese ganar para un uso abierto el muelle de O Ramal. La penúltima fase de aquel plan está a punto de verse completada, con la llegada del tren a Comboa. Mientras, en la generación de 82.000 metros cuadrados de superficie, ocupados en su mitad por la terminal de contenedores, y 910 metros de nuevas líneas de atraque, el Estado ha ido invirtiendo paulatinamente 21 millones de euros.
Claro que el banco que Gago -él mismo presidente de la institución años después- y Bouzas pactaron a comienzos de la década pasada sigue cojo. Porque si bien el Puerto ha ganado un lugar en el futuro gracias a la central de contenedores, la ciudad sigue esperando que alguien haga algo en O Ramal. Poco a poco, la importancia del muelle ha ido decreciendo en el concierto de tráficos. A la espera de procesar los datos del año pasado, en el 2012 apenas movió un 7 % del volumen total de mercancías registradas en la capital arousana. El esbozo de proyecto que el prestigioso arquitecto Manuel Gallego Jorreto diseñó en época socialista debe de haber sido olvidado en algún rincón. Entre aquaparks y hoteles, las ideas se han ido escurriendo a la par que los dineros, sin que ninguna cristalice.