Vaya por delante que soy partidario de que para analizar la situación económica es siempre mejor disponer de un indicador del que se pueda obtener una cuantificación más o menos precisa de la realidad, que no disponer de ninguna estadística. Dicho lo anterior, para realizar un estudio riguroso y ajustado a la realidad es preciso delimitar las posibles deficiencias del indicador utilizado.
La última estadística de las cifras del desempleo en la provincia presenta una ligera mejoría en una parte importante de los ayuntamientos ourensanos, que es preciso matizar. El número de desempleados en la provincia ha pasado de los 15.100 en 2009 a los 32.500 en el último trimestre de 2013. Aún con todo, se comprueba un ligero descenso de 200 personas desempleadas desde el segundo trimestre de este año. Esta reducción se ha manifestado especialmente significativa en más de 40 municipios durante el último año, aunque la capital ourensana, principal motor económico de la comarca y de toda la provincia, recoge un aumento de más de 5.000 desempleados desde el comienzo de la crisis, hasta alcanzar los 11.000. Cualquier descenso del desempleo es una buena noticia, pero sin embargo es necesario ir más allá de la primera impresión. El dato de las afiliaciones a la Seguridad Social nos muestra como desde 2009 se han perdido en la provincia 10.262 cotizantes al sistema. En segundo lugar, la tasa de provincial se situaba en el 24,8 % en noviembre de 2013, frente al 11,5% del mismo mes de 2009. Durante el período 2009-2012 abandonaron la provincia 57.328 personas. En términos netos, la población residente en nuestra provincia en los últimos diez años se ha reducido en más de 12.000 personas.
A partir de estas cifras es fácil obtener una segunda lectura, más ajustada, de los resultados del desempleo provinciales. Cada vez son menos los que están en desempleo, porque cada vez son menos los que están buscando trabajo en Ourense y no porque existan más oportunidades laborales, sino porque el peso de la población inactiva, que no busca trabajo, es elevadísimo (147.500 personas en noviembre de 2013, casi 50.000 personas más que los cotizantes a la Seguridad Social) y los que se encuentran en edad de trabajar, se ven cada vez más condicionados a emigrar (reduciendo la cifra de desempleados). La mayor parte son personas con alta formación, ya que no olvidemos que el que emigra es el mejor preparado. Si a todo lo anterior unimos el importante incremento de desempleo de la capital, hay que ser muy cautos y dejar la euforia para cuando mejore realmente la economía. Hemos salido de la recesión, pero la crisis nos va a acompañar durante algún tiempo. Para frenar este sangría laboral, es necesario un plan estratégico provincial de empleo, cuestión que algunos venimos reclamando desde hace décadas. Hasta que esto no sea una realidad, nuestra provincia no saldrá del vagón de cola del mercado de trabajo.