«Eu quero vender a miña batea, o que non quero é regalala»

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

La ría de Arousa tiene casi el setenta por ciento de las bateas de mejillón de toda Galicia.
La ría de Arousa tiene casi el setenta por ciento de las bateas de mejillón de toda Galicia. martina miser< / span>

Las mejilloneras ya no son un negocio, así que no hay quien las quiera comprar

22 dic 2013 . Actualizado a las 06:52 h.

Durante años, muchos años, los pobladores de la ría de Arousa despachaban las cuitas del sector mejillonero con un «problemas de millonarios». Aquella frase, pronunciada con un cierto barniz de envidia, se ha ido transformado. Y a estas alturas de la película en blanco y negro de la crisis, los bateeiros son observados con la conmiseración con la que se mira a los ricos venidos a menos. Las bateas, el bien que todo el mundo quería poseer y cuyos precios se vieron envueltos en una burbuja como la del ladrillo, se han transformado de repente en simples rejillas de madera. Y no tienen quien las compre.

Solo eso explica que el mercado de compra-venta de estos artefactos esté absolutamente parado. Así lo ve Jorge Busto, de la asesoría Asemar. «Hay zonas muy buenas en las que, por la incidencia de las toxinas, es imposible vender una batea», reflexiona. Sus palabras apuntan a la ría de Pontevedra, donde la paciencia de los mejilloneros parece estar a punto de estallar, y a lugares como Meloxo, donde la toxina se acomoda durante largas temporadas. Es precisamente en Meloxo donde Antonio tiene tres bateas a la venta. Decidió sacarlas al mercado porque «este sector cada vez vai a menos, a menos, a menos, e os gastos van cada vez a máis». Aún no ha recibido ninguna oferta a la altura de sus expectativas. «Eu quero vender a miña batea, o que non quero é regalala», explica. Así que de momento aguanta, «botando máis horas para facer máis sacos xuntos e aforrar combustible, indo nós á cría en vez de comprala como facíamos antes, arranxando nós o que podemos no barco en vez de ir ao mecánico, facendo as reparacións na rampla en vez de subir o barco ao varadoiro...». Así se va trampeando la cosa. «E o día que non me dea nin así, se non consigo vender as bateas, deixarei de traballalas e listo», sentencia.

En el interior

En el interior de la ría, donde el mejillón crece menos pero donde las mareas rojas son también menos agresivas, es más fácil vender las bateas. Los compradores suelen ser mejilloneros con algo de músculo económico y viveros en zonas más expuestas, que quieren asegurarse tener algo que hacer cuando la toxina apriete. Antón está a punto de cerrar la venta de la batea que poseía en uno de los polígonos de Vilagarcía. «Un familiar, que tiña unha batea canda a miña, vendeuna hai uns anos, cando foi o de Chile. Déronlle 300.000 euros. Ogallá fixera eu coma el», explica. Ahora, no sacará ni la mitad de esa cantidad por su mejillonera.

Y es que, si bien es cierto que es imposible hablar en general de los precios de las bateas, lo que está claro es que estas se cotizan hoy en día muy por debajo que hace unos años. Según las fuentes consultadas, una vivero normal, sin una gran ubicación pero también sin grandes problemas de toxina, puede oscilar entre los 70.000 y los 100.000 euros.