Durante el racionamiento, que hubo en España entre 1939 y 1952, la población femenina accedía a raciones de comida menores que la masculina
27 nov 2013 . Actualizado a las 06:00 h.«Persiste el temporal de lluvias que se deja sentir desde hace días. El agua cae intensamente, día y noche, en toda la comarca», se podía leer en El Pueblo Gallego del 8 de noviembre de 1939. Aquella tristeza meteorológica que vivían los habitantes de Vigo al comienzo de la posguerra, se trasladaba a casi todos los ámbitos de la vida. Y si la vida requiere alimentos, estos escaseaban en toda España.
«Todos los detallistas que quieran adquirir garbanzos deben ir mañana, entre las diez y las doce, a las oficinas de abastos, en la calle Joaquín Yáñez, 8, primero, con objeto de recoger el vale correspondiente. Quien no vaya en ese horario se entenderá que renuncia al cupo que le corresponde, debiendo venir provistos del oportuno envase. El precio de venta al público será de 2,30 pesetas el kilogramo», recogía un día antes el periódico que se incautaron los falangistas tras el golpe de Estado de julio de 1936.
El aviso estaba enmarcado dentro de las pautas controladas por la Subdelegación de Alimentos, en un momento en el que los alimentos o estaban racionados o estrechamente controlados por el Gobierno.
Todo había comenzado el 14 de mayo de 1939, algo más de un mes después de haber concluido la guerra, el Gobierno de Franco pone en funcionamiento una cartilla de racionamiento de alimentos, ante la imposibilidad de abastecer de alimentos de primera necesidad los mercados. La libreta daba derecho a recibir los alimentos racionados cada semana, salvo el pan, que se repartía a diario.
«Se recuerda a todos los comerciantes que reciban por vía marítima o terrestre aceite y azúcar, su obligación de participarlo por escrito a las Delegación Provincial de Abastos, así como a esta subdelegación, dentro de las veinticuatro horas de su recepción», advertían las autoridades viguesas el 4 de noviembre.
La advertencia estaba motivada por el Ministerio de Industria, que reguló la distribución de los productos alimenticios. En junio de 1939 se establecía la ración individual del hombre adulto en cada artículo sometido a racionamiento. Cada hombre adulto podía comprar 400 gramos de pan, 250 de patatas, cien de legumbres secas, 50 de aceite, 10 gramos de café, 30 de azúcar, 25 de tocino, 75 de bacalao y 200 gramos de pescado fresco. Todo esto al día.
Los niños hasta los catorce años de edad tenían derecho a un sesenta por ciento de la ración de un hombre adulto; mientras que las mujeres adultas tenían que conformarse con el ochenta por ciento de la ración de los hombres adultos. Tanto las mujeres como los hombres mayores de 60 años también tenían una ración correspondiente al 80 % de los adultos, en sus respectivos sexos.
La situación de racionamientos se prolongó hasta el 16 de mayo de 1952, durante trece años que tuvieron momentos especialmente duros, especialmente cuando las fuerzas del Eje comenzaron a batirse en retirada. Tras la derrota alemana, España tuvo que vivir en el aislamiento, impuesto por las nacionales aliadas. Fueron los tiempos del hambre, que Antonio Giráldez Lomba, miembro del Instituto de Estudios Vigueses, que reflejó minuciosamente en su libro Sobrevivir en los años del hambre en Vigo.
Para el día 17 de noviembre de 1939 estaba prevista la entrega de la ración de bacalao, que era de medio kilogramos por persona a la semana. El precio fijado para el público era de 3,10 pesetas el kilogramo. Dos días antes se establecía que el kilogramo de solomillo de ternera se establecía en 9,80 pesetas el kilogramo.
Los productos racionados eran el aceite, azúcar, alubias, arroz, garbanzos, lentejas, bacalao, jureles, carne, queso, mantequilla, huevos, pasta para sopa, chocolate, café, gallegas, tocino, patatas, boniatos y pan. Curiosamente, eran de venta libre la leche, el pescado fresco, los mariscos, la fruta fresca, frutos secos, hortalizas, ensaladas, condimentos, malta y achicoria.
Los productos objeto de intervención no podían circular entre las zonas de producción y los mercados sin el permiso correspondiente para evitar que acabasen en el mercado negro, que era conocido popularmente como estraperlo. En noviembre, la Subdelegación de Abastos advertía a quienes tenían cartillas de racionamiento en las que no se reflejaban los datos correctos, que regularizasen su situación. «Igualmente se recomienda a aquellas personas que están dadas de alta en más de un establecimiento, se apresuren a darse de baja, quedando únicamente en uno, ya que su contraversión será motivo de dura penalidad», decía el 8 de noviembre, el subdelegado de Abastos.
eran otros tiempos noviembre 1939
La terminal Ro-Ro del puerto de Vigo recibió ayer cinco buques, que movieron cerca de 6.200 turismos, 81 camiones y un centenar de remolques, semirremolques y maffis, es decir, se movieron 12.000 toneladas de alto valor añadido. Peugeot-Citroën está a la cabeza en movimientos, al proporcionar 3.294 vehículos; seguido de Ford, con 1.288; Renaul, con 340; Toyota, con 45; y Fiat, Opel y Mitshubishi, que sumaron 664 automóviles. Los destinos son muy dispares.