Qué pobreza intelectual destila el pelotón de políticos que nos ha tocado sufrir, independientemente de la opción que elijamos. Sí, vale, la culpa la tenemos nosotros por votarlos, pero ¿qué vamos a hacer? ¿Dejar la nave en manos de quien no cree en que el poder reside en el pueblo? No, hay que seguir cargando la cruz. No solo la del Castro sino la que supone escuchar a Carmela Silva, por primer ejemplo. Una político que basa todo su discurso en las carencias del opositor, naturalmente para resaltar sus virtudes, no es de fiar. Está ocultando algo. Ayer, en una radio, no construyó una frase en la que no comparase su labor con la de los otros partidos. Tan chusquero era el asunto que decía que su partido había hecho cosas en esta ciudad que no se había atrevido ni PP ni BNG cuando estuvieron en la alcaldía. Se le olvidaba decir, tampoco al PSOE, que ya estuvo tres veces en la alcaldía con anterioridad a Caballero. Aunque para el caso que le hace a los estatutos de su partido...
También ayer oímos la teoría política de Louzán, que confunde el poder del pueblo con el poder de los partidos. Vamos a ver, señor presidente de la Diputación, son los ciudadanos, esas personas cargadas de derechos y obligaciones, quienes deciden en democracia. La democracia puede existir sin partidos, pero no sin pueblo. Es pura etimología: demo (pueblo), cracia (poder). O como diría Jose Afonso: O pobo é quem mais ordena.
Son solo dos ejemplos. Estoy de acuerdo con eso que dicen muchos que no todos los políticos son iguales. Claro que no, el problema es que lo parecen. Y uno en el pleno, ayer, le dice a la oposición que el Castro está niquelado, mientras que otro le espeta al alcalde, que no tiene lo que hay que tener, refiriéndose a los votos. Ellos viven en su mundo y nos hacen creer que ese es el real.
jorge.lamas@lavoz.es
El político vive en su mundo y hace creer al resto que ese es el real