Una saga con paso firme

Rubén Nóvoa Pérez
rubén nóvoa OURENSE / LA VOZ

FIRMAS

Miguel Villar

De una tienda de calzado ortopédico a exportar a cinco continentes

23 sep 2013 . Actualizado a las 14:40 h.

Del calzado de ortopedia ha hecho la familia que encabeza Modesto Pérez Fernández su modo de vida. Él suyo no ha sido un crecimiento meteórico de esos que se llevan tanto ahora. No. Ha sido algo mucho más pausado y con una estructura sólida que les permite mirar con tranquilidad hacia el futuro. Todo empezó cuando Modesto entró a trabajar en la zapatería Bustillo. Previo paso por el servicio militar, se lanzó al emprendimiento con una zapatería en el barrio de A Ponte que llevaba su nombre. «Siempre estuvimos especializados en el calzado ortopédico. En aquella primera época teníamos un modelo muy feo, se llamaba modelo 559 -recuerda con precisión-. Eran muy feos, pero cómodos. Los vendimos mucho. Lo utilizaban gente con grandes deformidades en los pies o que tenía problemas de juanetes», recuerda con cariño Modesto Pérez.

Ya por aquel entonces revoloteaba por la tienda en A Ponte, Celso Pérez Gutiérrez. Decidido a aprovechar el camino abierto por su padre no tardó en lanzarse a abrir una nave en el barrio de O Couto. Eran los inicios de Codeor. De aquello han pasado más de dos décadas. Un par de traslados después, hoy la fábrica reluce todavía del brillo inaugural pues apenas lleva unos meses abierta en el parque empresarial de Pereiro de Aguiar. «El negocio ahora no tiene nada que ver con lo que hacíamos antes. Se montó la fábrica con la idea de productos ortopédicos y luego lo fuimos derivando al calzado de confort y también a productos de parafarmacia». Ahora, explica Celso Pérez, sus principales proveedores son los hospitales. Muchos de ellos en el extranjero, ya que como muchos empresarios ourensanos han optado por lanzarse al mercado exterior para sortear la crisis económica. Los resultados de ese afán viajero no se han hecho esperar. En la actualidad tienen una producción de 200.000 pares de zapatos y están presentes en los cinco continentes con una plantilla de veinte empleados y una facturación anual de tres millones de euros.

Entre esos trabajadores se encuentran los dos hijos de Celso, que escuchan con cariño las batallitas del abuelo Modesto sobre los inicios. Noemí Pérez Trapote está en el departamento de administración. «Es un trabajo que vives con cariño al saber que viene de una larga tradición familiar». A su lado está Carlos Pérez Trapote, que acaba de llegar con su padre de un viaje en una feria profesional en Dusseldorf. «Cuando están en casa y oyes hablar todo el día del negocio siempre te entra el gusanillo. Ahora no queda más que aprender el oficio al lado del padre y mirar hacia el futuro», asegura Carlos.

En una rápida visita por las nuevas instalaciones de Pereiro pronto se observa que una de las cosas que más orgullo produce a todos son unos grafitis que decoran buena parte de la nave. «Los hizo mi nieto», asegura orgulloso Modesto. Es un ejemplo más de la implicación familiar de esta empresa ourensana que nació con humildad pero que cada día está más presente en mercados internacionales. «Estamos prácticamente en todo el mundo. Tenemos mucha demanda en países árabes», explica Celso. Modesto, el precursor, asiente y dice orgulloso: «Fuimos subiendo escalón a escalón».

MOdesto pérez, celso pérez y nietos

«Empezamos desde muy abajo y con el calzado ortopédico fuimos subiendo escalón a escalón. Es todo un orgullo»

Modesto Pérez Padre

«Estamos presentes prácticamente en todo el mundo. Tenemos mucha demanda en países árabes»

Celso Pérez Hijo