El dinero procedente de Puerto Rico se vio inmerso en un brote de fiebre amarilla en septiembre de 1857
10 sep 2013 . Actualizado a las 06:00 h.La junta de sanidad del puerto de Vigo activó el 16 de septiembre de 1857 el protocolo profiláctico destinado a aislar enfermedades tropicales. El vapor de guerra Pizarro, procedente de Puerto Rico, llevaba a bordo varios enfermos de fiebre amarilla. El capitán se había visto obligado a tirar por la borda tres cadáveres durante el trayecto atlántico.
No era un barco cualquiera. Traía en sus bodegas 35.000 reales en moneda macuquina procedente de la isla antillana. Se trataba de monedas acuñadas de forma artesanal en los primeros tiempos de la colonización. Aunque un Real Decreto había prohibido su uso en 1771, las guerras de independencia en América ampliaron su uso. Muchos de los que permanecieron fieles a España tras las respectivas independencias, especialmente la venezolana, llevaron grandes cantidades de monedas macuquinas a Puerto Rico, junto con Cuba, restos del imperio americano. La facilidad de falsificación provocó que el Gobierno la prohibiese a partir del 5 de mayo de 1857. Una Real Orden establecía un cambio de siete reales de curso normal por cada ocho reales macuquinos. El vapor de guerra Pizarro transportó a Puerto Rico en julio el dinero que se emplearía en el cambio. Una vez realizado la transacción, que según el gobernador en la isla se produjo de manera tranquila, el Pizarro fue cargado con aquel primitivo dinero, dispuesto a atravesar el Atlántico rumbo a España.
Ramón Buch
El Pizarro se adentró en aguas de la ría de Vigo hasta fondear en los alrededores de San Simón y San Antón, donde estaba ubicado el lazareto del Atlántico. Ramón Buch, alcaide del establecimiento, ordenó que solo quedasen en el barco aquellas personas que ya hubiesen pasado las fiebre. Insistió que se abrieran los costados del barco «pero no había carpintero en Vigo que supiera hacerlo sin correr el riesgo de inutilizarse». El goteo de ingresos y de fallecimiento fue continuo. El día 23 de septiembre ya se contabilizaban tres muertos en las islas y doce convalecientes en el hospital del lazareto.
«El alcaide, don Ramón Buch, no descansa ni de día ni de noche, que desempeña su deber con esquisito celo, y que a él se deberá y a la escasa susceptibilidad de las costas de Galicia, la preservación de tan formidable azote», escribe un periodista en el diario La España, el 7 de octubre de 1857.
La preocupación fue grande en toda Galicia debido a la presencia de estas fiebres tropicales, que no llegaron a propagarse por los pueblos cercanos a San Simón. Sin embargo, el Pizarro no era el único cliente que tenía el lazareto entonces. Fernando Romero, secretario de la junta de sanidad de Vigo, recogía en sus escritos que a finales de septiembre había ocho buques en la ensenada redondelana. Tres de aquellos barcos eran de bandera portuguesa y procedían de diferentes puntos de Brasil. Los otros cinco navíos eran españoles, que habían navegado desde La Habana, Cienfuegos y Matanzas.
Desembarco de las monedas
Tras 51 días de permanencia en el lazareto, el Pizarro pudo partir de las ensenada de San Simón el 3 de noviembre. El buque de la Armada española fue admitido «a libre plática» en el puerto de Vigo. Se iniciaba entonces la maniobra de desembarco de las monedas macuquinas americanas.
Según la Real Orden del 5 de mayo de 1857, todo este dinero obsoleto debía volverse a acuñar con la mayor rapidez posibles. Para ello, el Gobierno había alertado a las tres fábricas de acuñación existentes entonces en Madrid, Sevilla y Barcelona. Los tres establecimientos estaban preparados para trabajar a finales de septiembre, pero sus labores debieron retrasarse hasta el mes de noviembre, en el que ya no quedó rastro de aquellas rudas monedas de platas acuñadas muchas en los primeros momentos de la colonización americana.
eran otros tiempos septiembre 1857