Maquinaria, un chimpín, botes de cristal, conservas, acero, cobre... Todo está a disposición de los que tantas veces han saqueado esta fábrica
15 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En Mar de Couso se ha parado el tiempo. Bastan unos minutos en el interior de esta conservera abandonada tras su quiebra para darse cuenta de que un maldito día toda la actividad que generaba llegó a su fin. Es como si los trabajadores, de un minuto para otro, optasen por dejar sus tareas para no volver a retomarlas nunca más. Pero la realidad fue otra. La empresa se ahogó en un agujero negro de deudas que derivó en su cierre. Pero no para todo el mundo. Los amigos de lo ajeno han encontrado en esta nave, con inmejorables vistas al océano, su particular bazar. Un almacén que saquean constantemente a su antojo y del que todavía hay muchos tesoros que sacar para su posterior venta en el mercado negro.
Llaman la atención los palés cargados de botes de cristal en los que se envasaban los productos que procedían del mar. Son miles los recipientes que todavía están embalados. De lo que no que hay tantas unidades es de los mismos recipientes pero llenos de comida. Su desaparición ha sido lenta pero continua. Lo mismo ocurre con las salas de envase de la planta baja. O en las oficinas del primer piso. Solo quedan restos que tienen una difícil salida. Este es el panorama que se encontraron la decena de presuntos ladrones que el lunes por la noche accedieron al recinto industrial antes de ser sorprendidos por la Policía Nacional. Pero si lo que interesa es el hierro o el cobre, este lugar oferta una barra libre de diferentes metales que sí es fácil despachar sin que se sepa su procedencia.
Listo para arrancar
La sensación de abandono prematuro por parte de los trabajadores que le invade a uno cuando recorre esta nave fantasma que en su día ofertaba conservas de alta calidad tiene su máximo exponente en el chimpín que hay en la entrada principal. El vehículo estuvo listo durante mucho tiempo para arrancar. Hoy, ya oxidado, recibe a los cacos y curiosos a pocos metros de la entrada principal, que tiene su gran puerta abierta día y noche. Algo que, seguro, supone una invitación para los amigos del cobre y el acero ajeno.
En directo en la empresa abandonada mar de Couso que sufre robos constantes