«El gabinete de un aficionado», en el Museo Municipal
29 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.«En realidad, el arte es una sublime estupidez que confirma lo humano». Esta es una de las 46 frases que forman parte de una obra de Rosendo Cid, que desarrollando la idea de texto dentro del texto consiste en tachar la mayor parte de palabras de un párrafo aislando algunas y construyendo con las palabras extraídas de su Manifiesto de carretera un nuevo enunciado.
El gabinete de un aficionado es un proyecto comisionado por Rosendo Cid y J. Carlos Seoane que aglutina a un nutrido número de artistas y escritores en una original propuesta intermedia que mezcla arte y literatura y que tiene como punto de referencia el libro de Georges Perec El gabinete de un aficionado (Historia de un cuadro). Narra la historia de un lienzo perteneciente a la colección de Hermann Rafke, en el que aparece a modo de retrato clásico de gabinete, rodeado de su colección, con una peculiaridad que radica en la repetición sistemática del mismo tema, creando un bucle infinito de cuadros que aparecen unos dentro de otros en una estructura de «mise en abyme» el cuadro contiene una versión más pequeña de sí mismo y esa versión otra más pequeña... así hasta el infinito. Pero esta escena se convierte en inquietante a través de un matiz, ya que de una reproducción a otra cada cuadro que forma parte del puzle varia en un detalle la pintura anterior. Se trata de un texto, que enlaza con la poética oulipiana, basado en la experimentación y el juego, la conquista de la verdad a través de la falsificación, una visión irónica del lenguaje sensible a la paradoja y al exceso.
Forman parte de este abismo: Acisclo Novo, que construye una instalación en la que la naturaleza sin referencias pero acotada es protagonista de un concepto literario. En In-Habitados juega con lo artificial, lo seguro, pero castrante de la jaula-casa dentro del abismo incierto de la libertad ilimitada, una pieza de este puzle intelectual y plástico reúne visiones de extraordinaria belleza, como Anónimos en la que las hojas de los libros brotan como hongos del tronco de los arboles, o la poesía inestable de Poeta en espera, obra justificada soberbiamente por el escritor Javier Limia de Gardón en sus Trois contes, texto repleto de referencias oulipianas, ironía y poesía. Entre el continuo y la teoría del caos, de J. Conde Souto, y Alejandro Caporale con El libro infinito, una videocreación de 7´ remite a El libro de arena, de Borges. El Colectivo Bo, formado por Alfredo Omaña y José María Benéitez, crea una instalación de gran belleza, equilibrio y no exenta de angustia. De un Timeo, de Platón, surgen los pinchos de rosal mientras el tomo II de Moralis Universa, de Petro Scavini, se llena de post-it como piercings y el libro objeto de Bo calza una mesa coja por el peso del conocimiento. Sobre el poema de Pablo López Carballo, las arañas de la memoria cubren un trazado tangencial de hilos imperceptibles.
Belén Padrón ilustra una revisión del retrato de gabinete con una colección muy especial en el que están representados los artistas que dan vida a esta exposición, con un guiño que enlaza la idea de la multiplicación de la imagen y su inversión con una alusión al espejo que reflejó la habitación del matrimonio Arnolfini, de Van Eyck, y ahora refleja la imagen de Belén y Germán Botana, protagonistas de su auto (retrato) de gabinete. Elena Gómez plantea la vida como un ejercicio de estilo en una obra colectiva con un proceso similar al cadáver exquisito. Iván Prieto conquista un Berlín en calma, en el silencio de sus cementerios y los ecos desconchados de risas por los jardines del Koimeterion que describe Sofía Otero y la memoria de los muertos. El extraordinario talento de Iván establece un mudo puente entre la vida y la muerte en su serie Das ist Berlín, como representación contemporánea del retrato funerario la obra se integra en el espacio, llenando el vacío con sus personajes hipertrofiadas, distorsionados, henchidos de inquietantes poesía. J. Carlos Seoane presenta una obra múltiple y colectiva, que integran como piezas de un puzle diversas maneras de representar un libro y X. Sierra Beloso se introduce en nuestras mentes de forma intracraneal. Estibaliz Espinosa retrata las vidas de Henrietta S. Leavit como la luna en casi todas sus caras; experimentando todas las posibilidades del mismo encuadre, María Chenut, interesada por el apremio de lo mutante y el peso afectivo de la permanencia en la memoria.
María Puertas equilibra el espacio con una estética del vacío que armoniza con el uso del color afectivo o dramático y su ausencia. Una poesía mental, una pasión contenida. Misha Bies Goas recupera la paradoja del cuadro dentro del cuadro y la realidad del artificio. Lo falseado a través de la impostura del arte y la simulación. Jorge Varela eleva con su texto el interés de la obra. Pablo Orza nos introduce en el enigma Demócrito y Tamara Feijoo se pierde en un jardín de aguileñas con su inventario de flores e insectos y Christian G. Bello ve en ese paisaje abocetado aquello que sucede cuando nadie está mirando. Alfonso Rodríguez escribe poemas en un encerado cambiante en un acción/reacción ideada por X. Vilamoure que invita al espectador a implicarse en el proceso creativo. Variaciones sobre el infinito.