Barrer debajo de la alfombra

Roberto Antón

FIRMAS

He de reconocer que tengo tendencia a coleccionar las incongruencias que observo cuando se asocian a la juventud ciertas características negativas de las cuales los no tan jóvenes solemos alardear. Así, nos quejamos del botellón, pero no nos duelen prendas celebrar ciertos eventos (bodas, bautizos y comuniones) con un consumo masivo de alcohol.

Resultaría frívolo quedarse en la superficialidad de los hechos, y no tener en cuenta las consecuencias asociadas al consumo de alcohol y drogas en los jóvenes, y sus peligros para el desarrollo, además de ciertas cuestiones relacionadas con otras conductas de riesgo asociadas (sexo, conducción,?), pero resulta también frívolo quejarse cuando los no tan jóvenes participamos en selectos clubes del vino, catas de gin tonic o fiestas populares aderezadas con tinto de Barrantes.

Desplazar el problema de lugar, desde mi punto de vista, es una medida que ha logrado unos resultados muy positivos, y plantear actividades alternativas para el fin de semana creo que es un complemento formidable para dar rienda suelta a un ocio constructivo, pero desgraciadamente estas medidas no logran erradicar el problema, porque quizás la raíz del mismo se haya tan arraigada que ningún político ni ninguna plataforma ciudadana tenga la fuerza suficiente para cambiar estas dinámicas en los tiempos que corren.

El problema no es solo que cientos de jóvenes estén deseando llegar al fin de semana para beber todo lo que puedan como única manera de divertirse, el problema es que cualquier conducta diferente a esta provoca malestar en los no tan jóvenes, de modo que hay gente que protesta porque andan en bicicleta, porque visten diferente, porque bailan hip hop en la calle, porque leen la saga Crepúsculo o porque les gustan las nuevas tecnologías.

Seguramente al desplazarlos más allá del río podremos descansar más tranquilos y dormir más plácidamente, pero me gustaría tener la oportunidad de saber algo más de ellos, aprender de sus gustos, escuchar su música y compartir sus inquietudes, de lo contrario, creo que cometemos un gran error, ya que no hay peor ciego que el que no quiere ver.