Aprender de los alumnos es un lujo que solo se permiten los mejores maestros. Esos que, además de transmitir conocimientos, inoculan a sus alumnos los virus del respeto, la convivencia y el saber estar. En el colegio Progreso (Catoira) abundan esos profesionales de primera. Para sustentar esa afirmación podríamos esgrimir un único argumento: dos grupos de alumnos del centro, de segundo y tercero de la ESO, han ganado el «Rally internacional» de matemáticas que se celebró hace unos días en Toulouse. Una competición en la que pesan tanto los conocimientos en la materia como la capacidad de trabajar en equipo. Y en eso, los vikingos han demostrado no tener rivales.
La profesora que se encargó de coordinar la participación del centro en la competición fue Marga Botana. Ella y José Antonio Alonso, profesor de Plástica, fueron los encargados de acompañar a los rapaces en su aventura francesa. La maestra, que ya había dejado Catoira con el pecho lleno de orgullo, ha vuelto aún más satisfecha. «A verdade é que veño sorprendida do pouco que nos valoramos a nós mesmos e aos nosos alumnos», explicaba ayer. Y es que los rapaces «falaban francés, movíanse con naturalidade, e foron extraordinariamente responsables e educados en todo momento. Son persoas cunha capacidade enorme».
Que la profesora hable así dice mucho de sus alumnos. Pero, en realidad, hablar con los chavales basta para percibir que están hechos de una pasta especial. Sobre todo los rapaces de segundo de la ESO, que se habían preparado para una prueba de Ciencias y tuvieron que acabar afrontando un examen de matemáticas. No importó. «Pensabamos que nos ía saír todo moi mal, pero non foi así», explicaban ayer. Entre que en el grupo hay auténticos genios de las matemáticas, que saben bien cómo repartirse el trabajo y que no tienen rivales a la hora de aplicar la lógica, se impusieron sin mayores problemas a sus contrincantes franceses, tunecinos y de otros puntos de España.
Todos aportamos bastante», decían ayer los integrantes de los dos equipos. Además de reconocer el trabajo de los demás tanto como el propio, los embajadores del colegio Progreso en Toulouse quieren también reconocer toda la ayuda que han recibido. Por una parte, de los profesores que hicieron posible esta aventura. Por otra, del Concello, las comunidades de montes, el ANPA y el colegio, que lograron que el viaje les saliese gratis. Y, también, el de sus padres. Sí, sí, el de los padres, «que nos deixaron ir a Francia e que nos viñeron recibir ata con bocinas». Como se merecen unos auténticos campeones.
De Francia se han traído las mochilas cargadas de experiencias. Y de sensaciones. Para muchos, este viaje ha sido su primer encuentro con «los otros», esos que tienen una lengua, unas costumbres y una forma de vida que no es la nuestra. «Chamounos moito a atención que alí, nos bares e nas cafeterías, ven ben o de tomar auga do grifo. Sírvena nunha xerra», recordaba una de las alumnas. También ella hablaba de lo caro que es todo en el país vecino. A otros, sin embargo, se les venía a la cabeza el recuerdo de las plazas por las que habían paseado, de los castillos que habían visto, o la sorprendente sensación de ingravidez que pudieron experimentar en la Ciudad del Espacio.
Con todo ese equipaje y con dos brillantes trofeos, han vuelto al colegio al que han representado con orgullo. En el patio se mezclan con sus compañeros sin tropezarse con su ego. Porque todos ellos parecen tener esa otra cosa que define a los campeones: saben ganar.
Trabajar en equipo ha sido, de nuevo, la clave de la gran victoria de los vikingos
Orgullosos sí. Pero también llenos de agradecimiento por la experiencia