Algunos atestados llegaron a ser tramitados en la oficina de denuncias
10 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Las juezas de instrucción de Lugo han llamado a capítulo al comisario lucense, Manuel Teijeiro, para exponerle su preocupación por la actitud que mantiene la comisaría lucense con las mujeres maltratadas. La falta de personal especializado, porque su responsable lo destina, según algún sindicato policial, a solucionar pequeños delitos para que las estadísticas negativas de la ciudad no se disparen, está provocando que mujeres que son objeto de violencia no reciban el trato adecuado en las dependencias policiales.
Al no haber un equipo dedicado única y exclusivamente a este tipo de violencia, como sucede en el resto de las comisarías nacionales, las afectadas empiezan por hacer cola en los pasillos con el resto de denunciantes para dar cuenta de lo que les ocurrió. La intimidad que se supone debe existir en todos los casos, pero en estos mucho más, queda en entredicho. En este sentido, varios abogados explicaron que sus clientas habían compartido espera con gente bebida que, después de una noche de marcha, acudía a la oficina de denuncias porque habían perdido la cartera debido a la intoxicación etílica.
Tal y como Manuel Teijeiro organizó la comisaría, resulta que un borracho que va a la oficina de denuncias a plantear un hecho, que en muchos casos resulta intrascendente, tiene la misma preferencia que una maltratada, explicaron fuentes sindicales. Es más, añadieron, si tiene siete borrachos delante, debe esperar turno.
La situación generó gran preocupación entre las juezas. Una de ellas, la responsable de violencia de género, ya había recibido en su momento una denuncia de la Confederación Española de Policía (CEP) en la que daba cuenta de la situación. El nefasto funcionamiento de la comisaría, la denuncia sindical, los atestados que llegaban al juzgado, la gestión del último crimen de violencia machista, la negativa repercusión social que estaba el problema y la pasividad de las autoridades competentes motivaron que las juezas llamaran a capítulo al comisario para, entre otras cuestiones, reprenderle por su actitud. De la reunión no trascendieron grandes detalles, si bien parece que las magistradas aprovecharon para abordar otros asuntos.
A la reunión judicial, el comisario acudió acompañado del subcomisario. El encuentro tuvo una duración de tres horas, según informaron algunas fuentes.
La situación en la comisaría llegó a tal extremo que, cuando desde Madrid fue ofertada una plaza para la Unidad de Prevención, Asistencia y Protección contra los malos tratos (UDAP), en la comisaría de Lugo la rechazaron.
Esta situación se completa con la desaparición del denominado Servicio de Atención a la Familia, grupo que hasta la llegada del comisario funcionaba perfectamente en turnos de mañana y tarde. Varios policías indicaron que el equipo no solo funcionaba sino que cumplía un papel fundamental en los asuntos relacionados con la violencia de género. «Sin embargo, el comisario va y se lo carga», apuntó ayer un funcionario. El citado equipo dejó de existir a finales del mes de noviembre del pasado año. Los agentes que estaban en el mismo fueron distribuidos por otros servicios, algunos de menor importancia que el de maltrato a las mujeres.