Entidades, librerías y particulares se unen en varios clubes para leer en la ciudad
31 mar 2013 . Actualizado a las 08:00 h.Aunque la experiencia y el goce es personal, la lectura puede ser también un deporte de equipo. Y es que entre las bondades que tiene la literatura está el que es posible disfrutarla individual y socialmente. E incluso ambas cosas al mismo tiempo, sin que cada uno pierda su propia percepción de la historia.
A Mercedes Corbillón y los empleados de la Librería Cronopios, por ejemplo, no les basta con trabajar todo el día rodeados de estanterías y volúmenes, sino que un par de veces al mes, en cuanto echan el cerrojo al establecimiento, bajan las escaleras del local y en un confortable reservado se sientan a comentar sus lecturas junto a otros compañeros del club que ha formado esta librería pontevedresa.
Es uno de tantos que se prodigan en los últimos años en la ciudad. El más reciente, el que acaba de formar el centro de la UNED, pero las posibilidades de aficionarse a leer y compartir lecturas son múltiples. En el Liceo Casino, por ejemplo, hay dos clubes de castellano y uno en inglés, y en la Biblioteca Pública funcionan con éxito los de portugués, inglés, gallego, castellano y francés. Para el del idioma de Shakespeare hay incluso lista de espera de diez personas. Los hay también independientes, como es el denominado Leer para pensar, que suele reunirse en las instalaciones militares de Campolongo, después de que el Café Moderno, donde fructificó por iniciativa de dos amigas, empezase a cobrar por el uso de las instalaciones.
«Es muy importante la figura del coordinador y la elección de los textos -dice Pilar, que acude a dos clubes distintos-. Es lo que hace que el club esté activo y enganche». Uno de los grupos con los que se reúne incluso tiene un chat común «en el que nos preguntamos por la página en que vamos y muchas otras cosas».
Marta Isabela es la coordinadora de los clubes de gallego y portugués en la Biblioteca Pública. El primero tiene 17 miembros y el segundo 11. En este último tienen una curiosa norma. Se leen cien páginas cada quince días, así hasta que se acabe el libro. El que tienen ahora, de Jorge Amado, tiene 400, así que tienen para cuatro sesiones. «La gente que viene tiene un mínimo vínculo a la lengua portuguesa, ya sea por familiares o porque ha estudiado en la Escuela de Idiomas, siempre hay un detonante que hace que la persona se interese por esta lengua», dice Marta, al tiempo que reconoce que en este caso, la cultura brasileña actúa de gancho. «Hablamos en portugués, y tenemos blog y grupo en Facebook, donde también lo hacemos. Allí voy colgando cosas para que la gente se vincule y no hacerlo solo a través de los libros», agrega.
En Leer para Pensar, donde suelen ser quince miembros después de la unificación de los dos grupos de adultos y jóvenes y tienen un blog, nunca se repite autor, «porque así también creas la inquietud de que si te gusta el libro y te interesa el escritor, ya lo haces por tu cuenta», señala Meli, la coordinadora. Ella es la encargada, por aclamación, de elegir los textos (uno por mes), y suele escoger autores que ese año han destacado por algo, «y voy mezclando estilos y procedencias, son autores que yo he leído antes, que den para reflexionar y aprender». Meli se suele reservar la suya para el final de la reunión, «así todo el mundo opina libremente».
«El éxito del club de lectura es el trabajo que hace ella, es una labor de trabajo de muchas horas», dice Emma. «Cuando lees un libro, lo ves desde tu prisma, pero aquí compruebas otras visiones y eso te aporta mucho», añade. Tanto, que ya piensan en organizar un club de escritura.
«Es importante la figura del coordinador y la elección de textos»
«Escogemos autores y libros que den para reflexionar y aprender»
El club de lectura en inglés de la Biblioteca tiene a diez personas en lista de espera