«É un partido que temos que gañar», decía ayer Julián Rodríguez del encuentro que esta tarde mide a su Vilalonga y al Rápido de Bouzas en campo vigués (17 horas). Con 27 puntos y cuarto por la cola de la tabla, parece que al conjunto celeste no le queda otra que pensar que todos los partidos restantes son de obligado triunfo. En este contexto, las palabras del técnico solamente reflejan la urgencia de un equipo que no acaba de carburar ni siquiera tras su segundo cambio de entrenador con la Liga empezada, difuminado el efecto renovador con las dos derrotas en Betanzos, 1-0, y a manos del Dépor B, 1-4 hace siete días.
La conveniencia de superar al Rápido de Bouzas viene dada también por tratarse de un rival aparentemente asequible, undécimo con 37 puntos y situado en tierra de nadie con diez partidos para sumar otros tantos puntos que le permitan asegurar la permanencia.
Claro que hoy se espera a un Bouzas con el cuchillo en los dientes. No por tenerle ganas especialmente al Vilalonga, al que ya derrotó en la primera vuelta, 0-1. Sino por el 8-0 encajado por el cuadro olívico la semana pasada en Ferrol a manos del Racing. Quini, por acumulación de tarjetas, es la única baja de un Vilalonga prevenido de la rapidez del campo vigués, y lo que eso conlleva.