Un cura deportivista y otro celtista conviven en el Colegio Español de Roma
12 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La fe los unió hace un año en Roma, pero la rivalidad Deportivo-Celta los separa cada fin de semana. Ricardo Sanjurjo y José Alberto Montes Rajoy son curas, gallegos, futboleros y conviven en el Colegio Español de Roma. Sin embargo, tienen una seña de identidad que los diferencia. Sanjurjo es deportivista y Rajoy celtista.
Ambos, junto con el cangués Antonio Menduíña, y el vigués Óscar Valado [ambos celtistas] viven esta semana su particular derbi en la capital italiana. «Somos amigos, pero durante el partido, ni nos hablaremos. Solo para hacer algún comentario contra el rival», explica José Alberto Montes Rajoy, mexicano de nacimiento, pero hijo de gallegos. Fue su madre la que incluso antes de venir a Galicia (hace 13 años) ya le contagió el celtismo. «Recuerdo que allá en México veíamos partidos y mi madre me hablaba del Celta. En la radio le llamaban la máquina a aquel equipo que estaba en Europa».
Ricardo Sanjurjo también lleva el Deportivo en los genes. Su padre, Manolo Sanjurjo, es el presidente de honor de la peña blanquiazul con más solera, La Estrella. Tal ha sido siempre la pasión de su progenitor por el Dépor que hizo socio a sus dos hijos antes de inscribirlo en el Registro Civil.
«Las oficinas del club me quedaban de camino, así que no me lo pensé», recuerda el veterano peñista.
Y su primogénito ha mantenido la pasión durante sus 28 años. Su deportivismo y su carné de socio. «Tengo el número 1.631, que con mi edad no está mal», presume mientras recuerda que va al campo siempre que puede: «Ahora en Roma evidentemente apenas puedo ir, y cuando estaba en Galicia, vivía en Pontevedra, y tampoco me era posible siempre. Pero en cuanto puedo siempre acudo con mi camiseta y mi bufanda».
Bufanda, camiseta y gritos
Y es que Ricardo Sanjurjo, a diferencia de su compañero, es muy de liturgia futbolística. Y de mucha pasión. «Yo soy más calmado -explica Rajoy- Pero Ricardo es tremendo. Es mucho más impetuoso que yo». El coruñés lo confirma: «En el campo soy aún peor. Pongo nervioso a mi padre, porque animo, grito, me meto con el árbitro... Es como si me transformara», explica entre risas.
Y si muchos aficionados comunes rezan cada semana por su equipo, estos dos curas no iban a ser menos. «Lógicamente, tú pides por lo que quieres y cómo no voy a pedir yo por el Dépor. Aunque, bueno, Él tiene cosas más importantes a las que atender», subraya Sanjurjo recordando el último puesto en la clasificación que ocupa su equipo.
Rajoy admite que desde que está en Roma [lleva algo más de un año] tiene un poco descuidado a su Celta. «En Vigo estuve un año en la parroquia de San Antonio de la Florida, cercana al hotel en el que se concentraba el equipo, y quizá por la cercanía siempre pedía con los niños de catequesis por el Celta. Quizá ahora algo menos».
Ambos son optimistas por naturaleza, pero al blanquiazul le cuesta mantener esa visión esta temporada. «Solo un milagro nos puede salvar. Porque si deportivamente estamos mal, qué decir del aspecto institucional. El ciclo de Lendoiro y su consejo de administración ha llegado a su final y la salvación del club creo que pasa porque entre alguien, el problema es que parece que no hay quién quiera hacerse cargo del club».
Rajoy lo ve mejor: «Hemos jugado muy bien y nos hace falta más suerte. Creo que nos vamos a salvar».
Desde diferentes puntos de vista, ambos coinciden en apostar por su equipo de cara al derbi del viernes. «1-0», asegura Ricardo Sanjurjo; «1-2», replica Rajoy.