Club de ajedrez Fontecarmoa: Un nuevo ejército de peones

Antonio Garrido Viñas
Antonio Garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

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Se asocia el ajedrez al sosiego y la calma. El silencio y la tranquilidad. Pues no siempre es así. Los viernes, la Casa da Xuventude de Vilagarcía desborda ruido, bullicio, energía. Aquello parece un desbarajuste pero está todo perfectamente ordenado. No es fácil tener sentados, y callados, a niños de cuatro o cinco años delante de un tablero de ajedrez. Sentados están, desde luego, lo de callados, dependerá del día y de si tienen algo que llevarse a la boca. Ayer, por ejemplo, un tal Luca Rey, que tenía que ponerse de rodillas encima de una silla para poder jugar, devoraba media manzana con la misma facilidad con la que sacaba el alfil blanco a pasear sin pestañear. Queremos decir que la energía que se puede palpar en ese viejo edificio es espectacular. Rebosa salud.

El Xadrez Fontecarmoa es uno de esos casos peculiares que de vez en cuando sorprenden. ¿Quién se lo iba a decir a sus precursores cuando se lanzaron hace unos años a montar un club de ajedrez en una localidad que es verdad que ya tenía una cierta tradición en este juego milenario?

Una treintena de nuevas licencias ha tramitado este año el club, que cuenta con cerca de noventa jugadores de menos de dieciocho años en sus filas. La cifra es espectacular por dos motivos: en primer lugar, porque es ajedrez, un deporte totalmente alejado de los imágenes de los telediarios. Y en segundo, porque el club no busca nuevos licencias por los colegios. Es, también en esto, un caso distinto. Al contrario que la mayoría de los equipos, que visitan centros y cuelgan carteles por doquier, el Fontecarmoa no hace una labor de la captación en los centros sencillamente porque ya está al límite de alumnos. Es un problema grave de capacidad. Y, sin embargo, siguen llamando a su puerta. Y no solo de Vilagarcía. Cuenta el club con al menos una docena de chavales de fuera de la localidad que acuden cada semana a disfrutar de su juego favorito.

El buen trabajo con la cantera, además, tiene reflejo en el equipo más representativo de la entidad. El InterRías Fontecarmoa milita en la División de Honor y se ha erigido en la gran sorpresa de la competición con un grupo formado básicamente por jugadores juveniles con el apoyo que le prestan Julio Torrado o un Antonio Rodríguez que, precisamente, esta tarde se despide por motivos personales.

Unos chavales que ejercen de monitores de los más jóvenes y que es probable que se vean reflejados en los niños. A fin de cuentas, ellos también empezaron así. Luca Rey devoraba ayer una manzana. Lucas Abal hacía lo propio hace unos años con sus bocadillos. Ahora está invicto en la División de Honor.