Los autobuses urbanos no caben en los carriles

María Jesús Fuente Decimavilla
María Jesús Fuente VIGO / LA VOZ

FIRMAS

XOAN CARLOS GIL

Las dimensiones de los viales obligan a los conductores a traspasar sus límites

07 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No es que los conductores de Vitrasa emulen a la reina de los mares y circulen por el medio de la calzada como si fuera solo para ellos. El motivo de que en muchas ocasiones los coches particulares no puedan circular en paralelo al bus, pese a existir dos carriles, es que las dimensiones de estos últimos son inferiores a las de los vehículos de Vitrasa. Esto obliga a los choferes a invadir la parte izquierda con la carrocería de 2,55 metros de ancho, más los treinta centímetros de espejos.

Es lo que sucede en viales humanizados como Jenaro de la Fuente, Castelao, A Florida y algunos tramos de García Barbón, por citar algunos ejemplos.

Otras veces, a las raquíticas dimensiones de los carriles se suman detalles como la existencia de grandes contenedores de basura que superan el hueco destinado en las isletas para su ubicación. En estos casos los conductores del transporte público se ven obligados a sortear los colectores y a invadir el carril exterior. Un ejemplo de esta situación se detecta en Gran Vía, sentido plaza de España hacia la Plaza de América, en las proximidades del colegio Miralba, conocido popularmente como Jesuitinas. En la avenida de Castelao la pericia de los conductores evita que se lleven por delante los espejos de vehículos estacionados. Y eso con tres carriles. El de la derecha ha quedado raquítico para los buses.

Cuando el vial consta de un carril de un solo sentido, la cosa se pone aún más difícil. Los conductores de Vitrasa citan como ejemplo Sanjurjo Badía, recién humanizada, donde tienen que circular esquivando farolas y árboles.

Tomás Alonso, Marqués de Valladares y Barcelona son otros ejemplos de calles que requieren entrenamiento para ponerse al frente de un autobús urbano. «A la mínima, si un coche no está muy bien aparcado, ya no pasamos», comenta uno de los conductores, quien advierte sobre la necesidad de circular con mucha precaución.

Por si esto fuera poco, las dificultades se extienden al estacionamiento en las paradas. Un caso muy llamativo son las de Jenaro de la Fuente, flanqueadas por bocas de riego y por bordillos extremadamente altos. Ello obliga a los conductores a salir con giros exagerados que invaden los dos carriles. Como muestra de las maniobras aparecen los bordillos destrozados. Un detalle que advierten de un tiempo a esta parte es el descenso de vehículos particulares en las calles de Vigo, lo que les permite circular más desahogados. «Se nota en la puerta de los colegios, ya no es lo que era antes y resulta menos estresante», explica uno de los choferes.

Tampoco los autobuses son ajenos a esta tendencia y, si bien en horas punta van llenos, a partir de las nueve de la noche circulan casi vacíos.

La diferencia de conducir por el centro urbano o el rural es abismal. «En la ciudad es más estresante, pero en las parroquias hay que ir muy atento porque andan en Chimpín y en coches de esos que no necesitan carné», explica un trabajador de Vitrasa. Cuenta el caso de una mujer de la parroquia de Beade de 82 años, que ni oye ni ve bien y anda como Pedro por su casa por los caminos, lo que supone un peligro añadido y obliga a circular con todos los sentidos en alerta.

Toda una experiencia a la que se enfrentan día tras día y a la que se suma la difícil orografía de Vigo.