El piloto José López Rivas culminó una carrera con un enorme historial de capítulos letales
26 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Para el piloto José López Rivas aventurarse en un Dakar es el elixir de la eterna juventud. Él mismo así lo confiesa en un libro que recoge sus experiencias del raid más cruel del planeta. Desde el año 2007 intenta finalizar una carrera que desde sus orígenes en 1979 dejó sin vida a 59 personas. Cumplió su sueño hace una semana, cuando cruzó la línea de meta situada en Santiago de Chile después de recorrer, desde Lima (Perú), más de 9.000 kilómetros de adversidades.
No es un rali apto para simples aficionados. La preparación es exigente y la concentración máxima. En el historial trágico de la prueba hay niños que perdieron la vida atropellados, pilotos fallecidos debido a la explosión de minas y motoristas tiroteados. El propio creador del raid, Thierry Sabine, perdió la vida al estrellarse un helicóptero en Níger en 1986. Y años más tarde, los ataques terroristas obligaron a anular la edición del año 2008. Y en la siguiente edición, el Dakar comenzaba su odisea en tierras sudamericanas.
«No es una prueba fácil, ya que hay profesionales con muchos Dakars encima que no acaban. Imagínate los que empezamos», precisa este veterinario de profesión y apasionado del mundo del motor desde su adolescencia.
López Rivas, un lucense afincado en Sanxenxo desde hace dos décadas, reconoce que tiene tres vocaciones: veterinario, piloto y empresario. Ejerció de veterinario, y desde hace más de 20 años, se dedica a las otras dos. Este año cruzó la meta en el puesto 86. «Para la siguiente edición, busco estar en el top 50», advierte.